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Ilustración: Mélody Da Fonseca para Forbidden Stories
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Cómo un grupo de periodistas en París rescatan investigaciones del olvido

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El periodista de la India, Shashikant Warishe, sabía que su reporteo sobre una nueva y controvertida refinería estaba enfureciendo a personas que no temían ser violentas.

Fue advertido por amigos y amenazado por enemigos. Pero siguió escribiendo para su periódico local sobre la especulación desenfrenada de las tierras y los riesgos medioambientales relacionados con el megaproyecto, así como sobre la resistencia de muchos de los habitantes de la zona.

En febrero de 2023, mientras llenaba el tanque de su motocicleta en una gasolinera, fue atropellado por una camioneta, muriendo como consecuencia de las heridas. La policía cree que fue asesinado deliberadamente por un traficante de tierras sobre el que Warishe acababa de escribir un artículo crítico. (El acusado, que sigue detenido a la espera de juicio, afirma que fue un «puro accidente»).

Pero las investigaciones de Warishe no murieron el día de su asesinato. Forbidden Stories, una organización sin ánimo de lucro con sede en París, continuó su trabajo con el medio Indian Express, produciendo un artículo en profundidad sobre el tema en tres idiomas a principios de este año.

Fundada en 2017, la razón de ser de Forbidden Stories, miembro de GIJN, es retomar las investigaciones archivadas por amenazas o violencia contra la prensa, publicándolas junto con los relatos de cómo fueron silenciados los periodistas que las llevaron a cabo originalmente.

El objetivo es “enviar una señal clara de que matar al periodista no acabará con la historia”, declaró el fundador y director ejecutivo Laurent Richard, que cuenta con 25 años de experiencia en periodismo de investigación.

La necesidad es apremiante: en muchas partes del mundo, los periodistas son intimidados, encarcelados o asesinados a causa de su trabajo. En muchos casos, sobre todo en el sur global, pocos se enteran de los sucedido, lo que deja algunas investigaciones abandonadas para siempre.

Forbidden Stories intenta cambiar esta situación sacando a la luz violaciones de derechos humanos, abusos medioambientales, corrupción y delincuencia organizada desde México hasta Azerbaiyán, desde Marruecos hasta Filipinas.

Las diversas pistas que el equipo recibe de todo el mundo se someten a investigaciones preliminares para calibrar su pertinencia y viabilidad, así como para confirmar que los abusos sufridos por los reporteros sobre el terreno estaban relacionados con su trabajo.

Después, para cada proyecto, el grupo une fuerzas con otros medios de comunicación, formando y coordinando un grupo de trabajo que puede incluir a varias docenas de periodistas. A lo largo de los años, Forbidden Stories ha trabajado con 90 socios, entre los que se incluyen pequeñas redacciones locales familiarizadas con el territorio y grandes organizaciones internacionales como Reuters y The New York Times.

Enfocados en el medio ambiente

Laurent Richard habla en el Festival Internacional de Periodismo de Perugia en abril de 2024. Imagen: Diego Figone para el IJF

Laurent Richard habla en el Festival Internacional de Periodismo de Perugia en abril de 2024. Imagen: Diego Figone para el IJF

Forbidden Stories comenzó coordinando, como su primera iniciativa, a 18 organizaciones de noticias comprometidas con la continuación del trabajo de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, asesinada en 2017. Ahora cuenta con unos 20 proyectos.

Los delitos medioambientales son uno de los temas que más se repiten en el trabajo del grupo. El reportaje sobre Shashikant Warishe y la nueva refinería en el oeste de la India puso de relieve los riesgos de contaminación asociados a la refinería. Otra vasta investigación publicada en 2019, Green Blood (Sangre verde), se centró en los daños causados por la industria minera en Tanzania, Guatemala y la India. Por su parte, The Bruno and Dom Project (El proyecto Bruno y Dom), coordinado por Forbidden Stories tras el asesinato en Brasil del reportero Dom Phillips y su colaborador Bruno Pereira, arrojó luz sobre el saqueo de los recursos naturales del Amazonas.

De acuerdo con Richard, el medio ambiente es el foco de una gran parte de las investigaciones interrumpidas con las que se encuentra Forbidden Stories, porque sondear la forma en que las empresas y los políticos explotan los recursos naturales en países con altos niveles de corrupción e impunidad es extremadamente peligroso. Según un estudio del Comité para la Protección de los Periodistas, al menos 13 periodistas, y posiblemente hasta 29, fueron asesinados entre 2009 y 2019 mientras trabajaban en esta temática, lo que la convierte en una de las áreas de cobertura más mortíferas después del periodismo de guerra.

Pero el compromiso del grupo de cubrir estas historias es también el resultado de una elección editorial deliberada. “Creo que tenemos que hacer cada vez más reportajes sobre delitos medioambientales”, afirma Richard. “Es un momento en el que, como ciudadanos, tenemos que tomar grandes decisiones sobre la protección del planeta, pero ¿cómo podemos tomar esas decisiones si no tenemos la información necesaria?”.

​​Otra prioridad de Forbidden Stories es mostrar que los delitos en cuestión no son tan locales y remotos como pueden parecer, sino que están conectados con la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. El oro desenterrado en la mina tanzana investigada en 2019 se utilizaba para fabricar productos vendidos a consumidores occidentales por importantes empresas tecnológicas. Los cárteles que asesinan a periodistas y funcionarios corruptos en México dirigen operaciones multinacionales responsables de llenar de drogas a Europa y Estados Unidos.

Disuadir los ataques contra periodistas

Fanny Toubin, directora del proyecto SafeBox. Imagen: Captura de pantalla, Forbidden Stories

Pero Forbidden Stories no sólo pretende honrar a los periodistas silenciados y dar continuidad a su trabajo. También pretende ayudar a los reporteros a continuar ellos mismos. Ese es el propósito de la Red SafeBox una plataforma en línea segura donde los periodistas pueden poner su material a disposición del equipo de Forbidden Stories, en caso de que alguien intente silenciarlos.

“El objetivo es desalentar los ataques contra quienes se han unido, haciendo saber que comparten sus hallazgos con Forbidden Stories y enviando el mensaje de que la investigación se publicará pase lo que pase, por lo que no tiene sentido atacarlos”, explica Fanny Toubin, responsable del proyecto SafeBox.

La plataforma se lanzó en 2022 y actualmente cuenta con unos 110 usuarios. Es difícil medir su eficacia para disuadir de la violencia contra sus miembros, pero la respuesta es alentadora: muchos “se sienten menos aislados y más apoyados”, afirma Toubin.

Por supuesto, SafeBox dista mucho de poder garantizar una seguridad total, como demuestra el asesinato de Rafael Moreno, periodista colombiano asesinado a tiros por un sicario en octubre de 2022, pocos días después de haber subido su material.

Pero, decididos a que su muerte no fuera en vano, Forbidden Stories encargó terminar su trabajo a un equipo de 30 periodistas, que juntos produjeron una avalancha de artículos en los meses siguientes a su muerte que arrojaron luz sobre la corrupción y los delitos medioambientales en la provincia de Córdoba donde trabajaba Moreno.

“La idea de que puedes difundir tu información para que alguien termine la historia es un elemento disuasorio muy importante para cualquiera que contemple matar o hacerle algo a un periodista”, declaró Miranda Patrucic, redactora jefe del proyecto Organized Crime and Corruption Reporting, en el Festival Internacional de Periodismo de Perugia (IJF, por sus siglas en inglés) el mes pasado.

Grandes retos y grandes planes

Lidiar con entornos extremadamente peligrosos no es el único reto al que tiene que enfrentarse Forbidden Stories. Para empezar, el dinero no sobra. La financiación proviene de fundaciones filantrópicas y donaciones particulares, con un presupuesto anual que actualmente ronda los tres millones de euros (3,2 millones de dólares). Pero las investigaciones son difíciles, lentas y requieren muchos recursos, explica Richard, incluidos los honorarios de los abogados, dada la frecuencia con que las personas mencionadas en los artículos responden demandando a los autores.

En lo que respecta a SafeBox, otro problema al que se enfrenta el grupo es ganarse la confianza de los reporteros. “Darles seguridad para que se sientan cómodos compartiendo su información con nosotros es un reto enorme”, reconoce Toubin.

La plataforma utiliza SecureDrop, un sistema muy fiable desarrollado por la Fundación para la Libertad de Prensa que ha sido puesto a prueba para detectar fallos y vulnerabilidades. Pero los periodistas que trabajan en países con escasa libertad de prensa viven con el riesgo constante de piratería y vigilancia en línea, lo que puede hacerles desconfiar de herramientas de terceros como SafeBox, explica Carolyne Lunga, investigadora sobre periodismo de investigación colaborativo en el sur global que imparte clases en la City University de Londres y en la Universidad de Doha para la Ciencia y la Tecnología.

La mejor manera de convencer a los periodistas recelosos es encontrarse con ellos cara a cara. Forbidden Stories ha estado organizando talleres -en lugares como México, Indonesia y Guatemala- para describir su misión, presentar SafeBox y ganarse la confianza de los periodistas locales. El número de miembros de la plataforma aumentó considerablemente después de cada uno de esos eventos, señala Toubin.

El propio equipo de Forbidden Stories también se han expandido, y a pesar de sus limitados recursos ha crecido más del doble desde el año pasado, hasta un total de 25 empleados de tiempo completo, con más contrataciones previstas en un futuro próximo.

Tienen mucho trabajo por delante. Richard quiere que Forbidden Stories sea más conocida y refuerce su red de colaboradores, sobre todo allí donde los periodistas están siendo el blanco de ataques. Reforzar los lazos con los medios de comunicación locales y dar a conocer mejor la organización y su misión en esas zonas es una forma de desincentivar la violencia contra los reporteros.

En línea con sus esfuerzos por aumentar su alcance, Forbidden Stories se unió a GIJN en 2020 y fue uno de los socios de la 13ª Conferencia Mundial de Periodismo de Investigación organizada por GIJN en Suecia el año pasado.

Más ampliamente, en el futuro Forbidden Stories pretende fomentar una mentalidad de periodismo colaborativo en todo el mundo, dijo su fundador, luchando contra lo que llamó el enfoque del “reportero lobo solitario”. “La idea de que uno está solo con sus propias fuentes y sus propias historias […] estamos tratando de romper con eso, sabiendo a lo que nos enfrentamos: campañas de desinformación, acoso, cibervigilancia, amenazas físicas, crimen global”, dijo Richard.

Las investigaciones conjuntas en las que participan distintas redacciones son cada vez más frecuentes, señaló Lunga, pero “algunos editores aún carecen de la mentalidad necesaria para la colaboración. El periodismo sigue siendo muy competitivo”.

Por su parte, el equipo de Forbidden Stories también espera inspirar la creación de otras organizaciones similares, y está dispuesto a compartir su experiencia con ellas. “No vemos Forbidden Stories como algo propio, sino como un movimiento de personas”, dijo Richard. “Un modelo de código abierto”.

Traducción del inglés al español realizada por Diego Courchay.


Michele Barbero es un periodista italiano radicado en París. Tras varios años en France 24, actualmente trabaja para la agencia de noticias francesa AFP. Sus artículos han aparecido en diversas publicaciones, como Foreign Policy, Jacobin y Wired UK.

 

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