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ফ্যাশন ইন্ডাস্ট্রি বদলে যাচ্ছে, এবং গোটা বিশ্বে অনলাইনে পোশাক কেনাকাটার ক্ষেত্রে এর প্রভাব রয়েছে। ছবি: তাইস্তো লাপিলা, ইলে

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La ingeniosa técnica de usar rastreadores para investigar dónde termina la ropa usada

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dónde termina la ropa usada

La industria de la moda está cambiando y el giro hacia la compra de ropa en línea tiene repercusiones en el mundo. Fotografía: Taisto Lapila, Yle.

Hoy más que nunca, mucha gente compra ropa por internet. Si exploras varias páginas, en Finlandia al menos, te dan la opción de pedir varios vestidos y devolver los que no te quedan. ¿Qué pasa con esa ropa que retornas? ¿Se vuelve a empacar y vender, o se bota? ¿Dónde termina la ropa usada?

También, en algunos países, puede que hayas visto contenedores pertenecientes a organizaciones benéficas o cadenas del mundo de la moda en los que dejas tus jeans o camisas usadas. Quizás esto reduce la culpa que sientes al comprar otra prenda que no necesitas, ¿cierto? Pero, ¿qué sucede con esas piezas usadas? ¿A dónde van? ¿Se venden? ¿A quién? ¿Y qué pasa con la ropa más maltratada?

Comenzamos a seguir esta historia el año pasado. Aquí trataremos una investigación a la vez para saber lo que descubrimos, cómo abordamos este tema y nuestros consejos para usar rastreadores (dispositivos diminutos que pueden emitir señales que les permiten a los periodistas seguir una prenda hasta por un año) en tus propios reportajes.

Exportar a otros países la ropa no deseada

por Minna Knus-Galán

No tardamos mucho en descubrir que el negocio multimillonario de la ropa usada guarda muchos secretos. Los entrevistados con los que hablamos sobre este comercio sabían que la mayoría de los textiles donados por consumidores en países como Finlandia se vendía a otras naciones. Pero ni los expertos ni las organizaciones que recopilan las prendas saben cuál es su destino final.

Hablamos con la organización benéfica más grande de Finlandia y las plantas de separación de ropa en Europa, pero no nos permitieron pasar con cámaras a sus instalaciones: no estaban permitidas las entrevistas ni grabaciones. Me hizo preguntarme, ¿por qué el negocio en torno a la ropa usada es tan misterioso? Ahí fue que tuvimos la idea de usar etiquetas de rastreo por GPS.

Había visto el uso de rastreadores en proyectos periodísticos sobre desechos electrónicos, pero no relacionados con la ropa. Necesitábamos los rastreadores más pequeños con baterías duraderas y cobertura mundial, ya que no sabíamos por cuánto tiempo viajaría la ropa, ni hacia dónde.

No sabía cómo conseguirlos y cuando me comuniqué con colegas con experiencia en la investigación de historias a través de dispositivos, llegué a un punto muerto: los dispositivos que me recomendaron eran muy grandes y pesados para esconderlos en la ropa.

Pero en otoño de 2019 supe de un proyecto de mis colegas en Yle –la compañía de radiodifusión pública finlandesa– para seguir los desechos de plástico. Ellas usaron pequeños rastreadores que habían comprado de una empresa finlandesa. Llamé, y ¡bingo! Acababan de recibir equipos nuevos que eran perfectos para lo que necesitábamos: dispositivos pequeños que combinan rastreadores de GPS, que usan tecnología satelital y rastreadores GSM, un sistema de transmisión inalámbrica que conecta celulares. Estos funcionan con tarjetas sim y normalmente se usan para perros, o para ayudar a personas que padecen de Alzheimer. Puedes seguir el progreso del rastreador con una aplicación en tu teléfono inteligente.

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Los periodistas escondieron rastreadores GPS en seis prendas. Fotografía: Janne Järvinen, Yle.

Entonces, ese invierno escondimos seis rastreadores pequeños en varias prendas: un par de jeans de mi esposo que tenía un cierre roto, el suéter de mi hija que estaba manchado, una chaqueta llena de agujeros de cigarrillo y manchas de aceite, y una sudadera verde con costuras rotas, además de otras dos prendas de vestir. Estaban en muy malas condiciones. Luego pusimos estas prendas en contenedores de organizaciones benéficas y las cajas de recogida donde las cadenas de ropa recolectan ropa usada o no deseada.

Las organizaciones benéficas con las que hablamos afirman que no exportan ropa que está en malas condiciones. Una de las organizaciones nos dijo que no exportan a África prendas usadas, pero nuestros rastreadores decían otra cosa. Las seis prendas aparentemente salieron de Finlandia. Los jeans fueron a un centro de separación enorme en Alemania, un abrigo de invierno terminó en Letonia, una chaqueta de hombre viajó hasta el puerto de Helsinki, donde perdimos señal. En cuanto a las otras tres, después de cinco meses recibimos una señal de Nigeria de la sudadera harapienta, después de seis meses el suéter manchado llegó a Kenia, y después de un año la mayor sorpresa: la chaqueta con agujeros y manchas de aceite había llegado a Pakistán.

dónde termina la ropa usada

La aplicación de rastreo mostró que la chaqueta llegaba a Pakistán un año después. Imagen: captura de pantalla.

Nos sorprendió que las baterías de los rastreadores duraran seis meses, y, en algunos casos, hasta un año. Aprendimos varias cosas en el camino, y estos son nuestros consejos:

  • Usa GSM –el rastreador móvil– en lugar del GPS. Nosotros necesitábamos que el rastreador durara lo máximo posible. Eso era más importante que el tipo de ubicación exacta que obtienes con el GPS.
  • Cambia la configuración para recibir señales y alertas con menos frecuencia, en especial si estás monitorizando algo que requiere tiempo. Esto ayudará con la duración de la batería.
  • En la medida de lo posible, evita exponer los rastreadores al frío, porque drena la batería más rápido. Minimizamos esto envolviéndolos en tela y cosiéndolos dentro de los bolsillos y costuras.
  • Si puedes, usa varios rastreadores por prenda en caso de que alguno deje de funcionar. Uno de nuestros rastreadores mandó su última señal en el puerto de Helsinki a unos kilómetros de donde comenzamos: si hubiésemos tenido la opción del respaldo, quizás no se hubiese perdido el rastro.

Transmitimos nuestros hallazgos con la compañía de servicio de radiodifusión pública nacional (uno en 2020 y el otro en 2021, ambos en inglés, con subtítulos), y publicamos varios artículos escritos sobre el comercio mundial de prendas usadas.

¿Qué reveló nuestra investigación? Tres de nuestras prendas en mal estado terminaron fuera de Europa, aunque las organizaciones benéficas nos dijeron que no lo harían. Además, la cadena de intermediarios es larga y ni las beneficencias finlandesas saben dónde venden la ropa sus socios europeos.

Nuestros suéteres manchados y rotos viajaron hasta África. No podemos saber con certeza qué pasó con ellos al llegar allí, pero con frecuencia la ropa de segunda mano viaja desde Europa embalada a África, donde los vendedores (principalmente mujeres) la compran sin saber la calidad de las prendas. Las mejores prendas se venden en enormes mercados callejeros de artículos de segunda mano y las prendas de mala calidad se botan.

Basándonos en los datos de exportación e importación de Finlandia, supimos que Mozambique es uno de los países a los que exporta textiles usados, así que decidimos grabar allí.

A esa ropa de segunda mano muchas veces se le llama “la ropa del hombre blanco muerto”, y aunque venderla en un mercado es importante para el sustento de estas personas, nadie va a pagar por una vestimenta andrajosa. Los vendedores nos dijeron que la calidad de las prendas que compran en estos paquetes cada vez es peor.

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Un mercado en Mozambique donde se vende ropa de segunda mano, que llaman “ropa del blanco muerto”. Fotografía: Hanna Nordenswan, Yle.

Podrías discutir que vender ropa aprovechable a África es parte de una economía circular sostenible, pero la idea de enviar prendas manchadas y harapientas de Europa o de Estados Unidos hasta África no es ético.

Según Oxfam, más de 70% de la ropa donada en el mundo termina en África. En muchos países africanos, el mercado de la ropa occidental de segunda mano ha recibido críticas por destruir la industria textil local y algunos han prohibido la importación de prendas usadas.

Nuestros hallazgos mostraron que las naciones ricas están trasladando su problema de desechos al continente africano, incluso si las organizaciones benéficas prometen otra cosa. Con la cantidad de moda barata que inunda al mundo, el desecho textil se convierte en un problema mundial enorme. Los finlandeses botan casi setenta millones de kilogramos de textiles al año, lo suficiente para llenar 800 piscinas. Y eso es solo en Finlandia, cada año.

Queríamos que nuestra investigación mostrara el impacto de la moda rápida, o barata, en el otro extremo de la cadena de suministros. La ropa que muchas veces viene de fábricas en Asia con malas condiciones laborales, viaja a Occidente, donde los precios bajos muchas veces convierten a estos artículos en “desechables” y luego, cuando ya no los quieren, viajan de nuevo por el mundo, esta vez como prendas usadas o basura.

Los científicos a los que entrevistamos calcularon que la huella de carbono de la ropa usada que exporta Finlandia en un año equivale a 12.000 personas viajando en avión de Finlandia a Londres. Las implicaciones de esta enorme huella llegan en un momento en que en la industria de la modya se está enfrentando a consecuencias de años anteriores y empezó a calcular las emisiones de carbono, tintes, toxinas y uso de agua.

Debemos investigar a la industria de la moda a lo largo de la cadena de suministros: no solo en el punto de inicio en el que se produce la ropa, sino también al final para ver lo que ocurre con nuestra ropa usada. También necesitamos más transparencia para que los consumidores puedan tener el panorama completo y las consecuencias de comprar moda rápida.

Meter la ropa vieja en un contenedor de una organización benéfica no es el final de la historia, sino el principio de otra travesía, muchas veces hasta el otro lado del mundo.

¿Qué ocurre cuando devuelves tu ropa nueva?

por Jessica Stolzmann

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Investigando dónde termina la ropa devuelta. Fotografía: Taisto Lapila, Yle.

Las compras por la web se han disparado durante la pandemia. En muchos países en los que las tiendas cerraron o se recomendaba a la gente que se quedara en casa para frenar las crecientes tasas de infección, la venta en línea ofrecía a las tiendas una manera segura de seguir teniendo ingresos.

Pero incluso antes de la pandemia, comprar en línea llevó a un enorme aumento de prendas que se regresaban. En promedio, uno de cada tres artículos pedidos por internet en Finlandia se devuelve a la tienda, según las estadísticas de la principal empresa postal finlandesa. En cuanto a la moda rápida (ropa que se fabrica de manera rápida y se proporciona de forma barata a los consumidores), algunos creen que la cifra podría ser incluso más alta, una de cada dos prendas.

Inspirada por una investigación parecida –realizada por Breakit, la página sueca– decidí averiguar qué ocurre con la ropa que se compra por internet y se devuelve. Compré los mismos rastreadores, pero como sabía que la ropa que estaba mirando viajaría rápido, usé datos satelitales del GPS del rastreador, en lugar de la información GSM. Quería que los rastreadores me avisaran cada hora para determinar la ruta exacta que hacía esta ropa “no deseada”.

Compré cinco prendas de las tiendas de ropa en línea más populares y devolví cada una con un rastreador. En solo unos días, casi todos nuestros rastreadores habían llegado a distintos almacenes en Suecia.

Pero no había respuesta aún sobre lo que le había pasado a la ropa. ¿Se vendió de nuevo o se destruyó? Las empresas me habían asegurado que los casos en que la ropa no se podía vender de nuevo eran raros, pero quería descubrirlo.

Algunos de los rastreadores fueron desactivados manualmente, mientras que otros se quedaron sin batería en el almacén. Había optado por una investigación abierta, lo que significa que los dispositivos no estaban escondidos. Cada uno tenía un mensaje para quien los encontrara y mi correo electrónico para que pudieran contactarme.

Si hubiésemos encontrado rastreadores más pequeños con mejor batería, quizás hubiésemos podido rastrear más tiempo. Pero quisimos evitar violar la privacidad de los consumidores, no fuera que terminaramos rastreando a un comprador si se vendían de nuevo las prendas.

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Cada prenda devuelta con un rastreador estaba acompañada de un mensaje con la esperanza de que quien lo encontrara se comunicara con nosotros. Fotografía: Taisto Lapila, Yle.

Pero luego tuvimos suerte. Uno de los rastreadores captó mi atención: había terminado cerca de la capital de Estonia, Tallin. El GPS me dio la ubicación exacta de esta prenda de vestir, así que viajé a Tallin donde encontré una empresa especializada en “gestión de devoluciones”, como le llaman, un negocio en crecimiento en países como Estonia y Polonia.

Descubrí que la empresa desembaló y revisó las devoluciones de ropa, por ejemplo, para quitar cabellos y pelusa, con el fin de dejarla en perfectas condiciones para poder venderse de nuevo. Según el gerente, a quien entrevistamos, mucha de la ropa que reciben la han usado los clientes, pueden saberlo por el olor o las manchas que tiene.

Pero lo que descubrí en Tallin, hablando con las mujeres que reparan la ropa y su gerente, es que las prendas que valen menos de €60 ($70 USD) no se consideran dignas de rescatar. En lugar de esto, las venden o donan a distintas empresas u organizaciones benéficas. Estas entidades luego las destruyen o venden fuera de Europa.

Una de las organizaciones benéficas que recibe esta ropa es el Ejército de Salvación. Viajando de regreso de Estonia, visité uno de los almacenes de la organización benéfica en Turku, al suroeste de Finlandia, a varios cientos de kilómetros cruzando el Mar Báltico desde Tallin.

El depósito estaba lleno de cajas con ropa devuelta que iban en camino a Erbil en el norte de Irak: solo algunas de las muchas toneladas de ropa devuelta enviada fuera de Europa cada año.

Debido a la pandemia, no pude viajar a Irak, así que me comuniqué con un camarógrafo en Erbil que encontró ropa enviada desde Finlandia por el Ejército de Salvación. La organización benéfica primero vende la ropa a una empresa local, que luego la revende a los compradores de tiendas locales. Allí, la ropa se vende con artículos fuera de temporada o que no se vendieron en ciclos de moda anteriores. Los dueños de las tiendas nos dijeron que solo parte de la ropa vale para la venta, y que el resto termina en un vertedero en las afueras de Erbil.

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Aquí es donde puede terminar la ropa devuelta de Europa, en un vertedero en Irak. Fotografía: Hawkar Ahmed, Yle.

¿Qué descubrimos con esta investigación? Publicamos un artículo en la web y un documental sobre nuestros hallazgos, que mostraron cómo parte de la ropa que compramos por la web y devolvemos, incluso la que está en perfectas condiciones y sin usar, corre el riesgo de terminar en un vertedero en otro continente. La economía de devolver una prenda a una tienda o a un nuevo consumidor se vuelve infructuoso para muchas empresas. Sabemos que se ha creado una cadena logística compleja y enorme en torno a esto.

También descubrimos que nadie parece responsabilizarse cuando la ropa viaja fuera de Europa. De hecho, por razones de competitividad, muchas empresas de ropa obligan a las organizaciones benéficas o empresas con las que trabaja a sacar la ropa de su propio mercado. Pero, por supuesto, eso añade kilometraje y agranda la huella de carbono de ese traje de baño que no quieres, o esos jeans que te quedaron pequeños.

También aprendimos varias cosas sobre usar etiquetas rastreadoras en el transcurso de este proyecto. El problema principal fue conseguir rastreadores lo suficientemente pequeños, pero que tuvieran una batería de buena calidad. Los rastreadores que usamos no eran óptimos y no pudimos rastrear una prenda específica todo el trayecto hasta el vertedero en Irak.

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Mucha de la ropa devuelta huele o tiene manchas y no se puede vender de nuevo. Fotografía: Taisto Lapila, Yle.

Sin embargo, los rastreadores nos ayudaron a conocer la ruta de una de las prendas que devolví y el camino sinuoso de algunas prendas devueltas desde Finlandia. Eso nos ayudó a calcular la huella de carbono y también nos señaló la extensa red logística que se ocupa de las prendas no deseadas.

Pudimos calcular la huella de carbono de las devoluciones trabajando con un científico del Instituto Ambiental Finés. Esta cifra se obtuvo usando lo que se conoce como el enfoque de evaluación del ciclo de vida, que  asigna un valor a las emisiones relacionadas con el transporte con base en la distancia que recorre un artículo por tierra o por mar; su peso; multiplicado por las emisiones promedio de esos métodos de transporte.

La conclusión: cuando sumas la huella de carbono de las devoluciones desde Europa en el transcurso de un año te das cuenta que equivale a la huella producida por una gran ciudad durante el mismo período.

Lo más perturbador es que la mayoría de estas devoluciones son innecesarias. Y, si las personas supieran lo que puede pasar con la ropa devuelta y el costo ambiental correspondiente, creo que se comportarían de manera muy diferente. Al menos, yo me lo pensaría dos veces antes de usar mi casa como un probador, para evitar crear más basura en el otro lado del mundo.

Nota del editor: ambas autoras hablarán en la Global Investigative Journalism Conference sobre su trabajo investigando cadenas de suministros en la moda. Puedes registrarte aquí para asistir a la conferencia en líneaque realizará del 1 al 5 de noviembre.

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Minna Knus-Galán es reportera del equipo de investigación MOT de la empresa de radiodifusión finlandesa Yle. La cobertura de Knus-Galán sobre lavado de dinero y fábricas de ropa en Bangladesh ha ganado varios premios. Ha participado en múltiples proyectos transfronterizos y es autora del libro “Projekt Panamá” sobre los Papeles de Panamá, investigación ganadora del Premio Pulitzer.

Jessica Stolzmann es una periodista de investigación galardonada en la sección de habla sueca de Yle, empresa de radiodifusión finlandesa. Trabajó como corresponsal y hace unos años pasó al periodismo de investigación, cubriendo temas como condiciones laborales y conflictos en Brasil.

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