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El enorme desafío de investigar desapariciones en América Latina

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Foto: Proyecto A dónde van los desaparecidos.

Marcela Turati y Óscar Martinez, dos referentes latinoamericanos del periodismo de investigación, ambos especializados en el crimen organizado transnacional, reflexionaron sobre cómo hacer periodismo que involucre a personas desaparecidas, el acompañamiento a las familias de las víctimas y la relación con las fuentes oficiales.

“Todo nuestro trabajo depende de hacernos preguntas. Dónde desapareció alguien, por qué puede haber desaparecido, quién puede haber estado interesado en cometer ese crimen”, asegura Marcela Turati, periodista de investigación que cubre las víctimas de la guerra contra las drogas en México y cofundadora del laboratorio de investigación periodística Quinto Elemento Lab y del sitio web “A dónde van los desaparecidos”.

Turati lo dijo en el foro web organizado el pasado 15 de septiembre, sobre investigación del crimen organizado transnacional, coordinado por la Red Global de Periodismo de Investigación (GIJN) y la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. La periodista mexicana participó junto a Oscar Martínez, editor de investigaciones especiales de El Faro y miembro fundador de su proyecto Sala Negra, un espacio dedicado al periodismo de profundidad en migración, violencia y crimen organizado. Acá contamos el resumen de la charla. 

“Es muy difícil investigar casos de desaparición. Acá en México desaparecen personas todos los días, es como rastrear fantasmas. Hay en México 75 mil personas desaparecidas y la gran mayoría desapareció en los últimos 14 años”, cuenta Turati. “No siempre el periodismo encuentra a las personas, pero sí aportamos pistas, dejamos los antecedentes, la información, que muchas veces sirve para la justicia después”.

Turati también habló sobre el rol de las familias de los desaparecidos. “Hay que aprender a aproximarse a los familiares, o a los sobrevivientes, de una forma humana, para poder acompañar. Y no hay manera de trabajar si no es en red, en equipo, consultando a especialistas en diversos temas. Las familias son los principales informantes, son los principales investigadores, pero hay que cuidarlos mucho. En los distintos colectivos, las familias suelen encontrar patrones que se repiten”. 

Ahí es cuando entra el trabajo de los periodistas. “Una tabla de Excel es una excelente herramienta para cotejar datos, y permite encontrar patrones”, enseñó la periodista. “Las bases de datos son muy útiles”, explicó al momento de mostrar una serie de bases de datos publicadas en el proyecto Más de 72, un sitio de investigación periodística sobre las masacres de migrantes en México que coordina junto a un grupo de profesionales latinoamericanos.

“Siempre hay que tener en cuenta que las autoridades pueden estar involucradas en cierto crimen. Los servicios periciales forenses suelen depender de decisiones políticas. Por eso recomiendo defender un espíritu crítico, tender a desconfiar de todo, incluso de la información oficial. Nuestro deber es deshilvanar los discursos para detectar información falsa”.

En el foro, Óscar Martínez explicó que el desaparecer a una persona no es un delito que comete el crimen organizado como único responsable, sino que detrás suele haber una red de complicidades entre funcionarios. “Las organizaciones criminales transnacionales trabajan por medio de redes y se encuentran integradas en las economías locales”.

“Si hay un tipo de periodismo que demuestra, a través de la investigación, la insuficiencia del discurso oficial, es este”, afirmó Martínez. “Las conferencias oficiales buscan dos cosas: primero, el silencio, las autoridades siempre tratan de que no se hable de ciertos temas; y segundo, van a intentar negarlo, y para eso van a hacer de todo, incluso destruir pruebas. Diversos ejemplos dan cuenta de que este es un patrón que se repite en muchos países”.

“Entrevistar a una persona no es encender una grabadora, y ya. Para nada. Uno debe tener la capacidad de poder ir más allá. También es un deber del periodista poder construir vínculos y fuentes con integrantes de la policía corrupta, de las fiscalías, y más. A veces las mejores fuentes son los malos de la película”, confesó.

“Me parece muy interesante dignificar periodísticamente el valor de los testigos tercos de casos de desaparición, un ejemplo puntuales puede ser la masacre de 1981 de El Salvador, donde las fuerzas asesinaron a cerca de mil personas en El Mozote, en la parte norte del país. Esa masacre perpetrada por el Ejército fue negada por muchísimo tiempo, pero hoy está demostrado que sucedió gracias al testimonio y la obsesión por dar a conocer la verdad de un periodista. Ese caso fue sostenido con una terquedad digna por parte de un periodista que justamente acaba de fallecer a sus 85 años, llamado Pedro Martinez. Durante gran parte de su vida sostuvo su verdad con un discurso homogéneo a lo largo del tiempo y recién después de mucho tiempo un tribunal internacional terminó dando validez a sus palabras. Es importante dignificar este tipo de testimonios, y existen muchísimos”.

“Nosotros los colegas debemos dar las gracias a personas que dicen algo una vez, y otra vez, y otra vez, a lo largo del tiempo. Hay que darle valor a esa tozudez. Esas personas valiosas nos sirven para construir relatos verosímiles y sostenibles en el tiempo, y los colegas debemos protegerlos”.

Puedes ver la grabación del foro web en este enlace. 

Por otro lado, Martínez reflexionó sobre el profesionalismo necesario de un periodista ante la aproximación a un crimen. “Un reportero incauto o irresponsable puede llegar a matar a una persona. No cualquiera puede meterse dentro de una pandilla o de una comunidad atravesada por el crimen organizado, a indagar con liviandad. El crimen organizado no es una aventura, es un plan bien estructurado. Se necesita tiempo, planificación, y trabajo en equipo para validar ese plan que uno tiene”.

Además, Martínez hizo hincapié en la humanidad con la que el reportero debe acercarse a un hecho periodístico, para poder extraer historias sensibles y reales. “Nadie le cuenta nada a un idiota, porque nadie le revela a un ingenuo sus secretos más íntimos. Hay que conocer la jerga, los movimientos. Por mi experiencia, creo que los integrantes de algún grupo de crimen organizado suelen agradecer la honestidad brutal con la que un entrevistado se le acerca. Ese me parece un buen consejo: acercarse siempre con honestidad a los pandilleros”.

En ese sentido, Turati mencionó la necesidad de sacarnos prejuicios e ideas pre armadas a la hora de ejercer este tipo de periodismo. “Tenemos que quitarnos esa idea de que desaparecido es igual a fosa. Las familias viven con la esperanza de encontrar a su ser querido. Y las personas desaparecidas no son personas fallecidas. La seguridad emocional del reportero es muy importante. La sensibilidad y la empatía son importantes a la hora de acercarnos a un caso”. 

“Siempre hay que ser cautos para no dar datos que generen falsas expectativas a las familias, que de por sí ya han pasado momentos difíciles, y pueden seguir atravesándolos. Tampoco me parece profesional hacerse amigo de una fuente, siempre hay que tener en claro cuál es nuestro rol, que es en última instancia el de reportear sobre un determinado caso. También uno debe tener cuidado cuando se acerca a una escena del crimen, es muy fácil estropear algo si uno no es especialista. Los periodistas no somos forenses. No debemos olvidarnos de eso nunca”.

En lineamiento con su colega, Martínez habló de la heterogeneidad de casos posibles con los que un reportero puede encontrarse a lo largo de su carrera profesional. “A la hora de acercarte a familiares de un caso de desaparición, uno no puede seguir un manual. Cada caso es particular. La generalización no aplica, cada uno de los casos merece un diseño particular. El peor error es menospreciar a una fuente, hay que sentarse, explicar, conversar, dialogar, si uno como periodista va a proponerle a alguien inmiscuirse en su vida privada, uno como buen profesional debe explicar por qué lo hace, cuál es el interés.

Estas fueron algunas de las reflexiones a las que llegaron dos periodistas de investigación de alto nivel, con experiencia investigando desaparición de personas, y que apoyan a otros reporteros que realizan este trabajo. Puedes seguirlos en Twitter por medio de los perfiles @MarcelaTurati y @CronistaOscar.

No te pierdas el último foro virtual de la serie sobre personas desaparecidas

En el último foro virtual de nuestra serie “Investigando personas desaparecidas”, a realizarse el jueves 17 de septiembre, escucharemos a cuatro periodistas de alto nivel que han investigado casos notables de personas desaparecidas, relacionados con organizaciones criminales. Ellos profundizarán sobre casos específicos de México y Filipinas, y compartirán sus consejos y estrategias. Las inscripciones se encuentran disponibles aquí.


Diego GrandaDiego Granda es un periodista que vive en la frontera entre Argentina y Bolivia. Produjo tráfico transfronterizo en Argentina (Al Jazeera English), un documental sobre el tráfico de personas, y ha publicado reportajes cortos para CNN. Trabajó como narrador en La Nación y ahora está de regreso en su ciudad natal, Jujuy, donde trabaja como periodista de radio y televisión. Diego es miembro de la junta directiva de FOPEA (Foro de Periodismo Argentino) y está interesado en construir una red entre colegas de la región latinoamericana.

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