Soldados etíopes en el campo de refugiados de Kule en Gambela, Etiopía. Imagen: Shutterstock, Richard Juilliard
Lecciones de África: Investigar en zonas de conflicto y áreas controladas por grupos armados
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Para los periodistas de investigación en África, adentrarse en una zona controlada por grupos armados puede no ser la parte más peligrosa de un reportaje. El verdadero reto es averiguar cómo informar de manera segura cuando grupos armados controlan el territorio, el acceso está restringido, la información no es fiable y las personas que declaran pueden sufrir represalias.
Los periodistas que trabajan en estos entornos toman decisiones difíciles en cada etapa de una investigación: cuándo es seguro viajar, en quién confiar, cómo contactar a las fuentes, cómo verificar las afirmaciones y cuándo abandonar un plan de reportaje.
A veces, mantenerse alejado de las zonas más peligrosas y encontrar otras formas de recabar pruebas se convierte en la opción más segura. Según Reporteros Sin Fronteras, más de 50 profesionales de los medios han sido asesinados en Somalia desde 2010, lo que convierte al país en uno de los más peligrosos de África para los periodistas. En Malí, la inseguridad y la inestabilidad política han restringido el acceso de los periodistas a la información, mientras que los conflictos en Etiopía hacen temer represalias contra los periodistas. En el norte de Nigeria, los periodistas enfrentan dificultades para informar sobre grupos terroristas, bandidos y otros actores armados involucrados en asesinatos y secuestros.
Seis periodistas africanos que han investigado conflictos y zonas controladas o fuertemente influenciadas por grupos armados en todo el continente compartieron las lecciones aprendidas de sus experiencias.
Conoce el terreno y a la gente antes de ir
Cuando Damilola Banjo, una periodista de investigación nigeriana, viajó al estado de Zamfara, en el noroeste de Nigeria, para investigar los asesinatos y secuestros atribuidos a bandidos, nunca había ido a ese estado y no hablaba hausa, el idioma más hablado allí. Sabía que necesitaba a alguien familiarizado con el terreno.
El contacto local de Banjo la ayudó a identificar las comunidades y a valorar qué lugares eran seguros para viajar. En dos ocasiones, estuvo a punto de llegar a aldeas poco después de que se produjeran ataques. En una de ellas, entrevistó a un hombre cuyos cuatro hijos habían sido asesinados por bandidos; el ataque había ocurrido apenas unas horas antes y en el lugar del entierro aún quedaban rastros de sangre fresca.
“Podríamos habernos cruzado con los bandidos en el camino”, dice al recordar aquel momento. “¿Quién sabe qué habría podido pasar?”.

Zubaida Baba Ibrahim graba una entrevista con nigerianos que huyeron de la inseguridad en el noroeste de Nigeria y se reasentaron al otro lado de la frontera, en Maradi (República de Níger). Imagen: Cortesía de Ibrahim.
Por tanto, el conocimiento del entorno local implica mucho más que encontrar a un entrevistado o traducir preguntas. Puede determinar si un periodista sabe adónde ir, cómo comportarse y cuándo marcharse.
Fue lo que vivió en 2024 Zubaida Baba Ibrahim, periodista nigeriana y subeditora de Nigeria Health Watch, en la República de Níger. Tras realizar un viaje por tierra desde Abuya, pasando por Kano y Katsina, hasta Maradi, fue llevada a una estación de policía poco después de registrarse en su hotel. Su pasaporte nigeriano y su condición de periodista despertaron recelos en medio de un clima de tensión entre la República de Níger y Nigeria tras el golpe de Estado militar de 2023 y las sanciones de la CEDEAO.
Su colaborador local (fixer) siguió a la policía hasta la comisaría y proporcionó documentación, incluida una autorización del Ministerio de Información de Níger, para ayudar a resolver la situación y lograr su puesta en libertad.
El acceso no implica seguridad
Abdalle Mumin, periodista somalí y defensor de la libertad de prensa, aprendió esta lección mientras denunciaba la corrupción en el sistema de ayuda humanitaria de Somalia. La investigación reveló cómo las personas desplazadas internamente se veían obligadas a entregar parte de la ayuda que recibían a los poderosos “guardianes” de los campamentos. Quienes se resistían podían enfrentarse a la expulsión o incluso a la muerte.
Su reporteo comenzó con una pista por parte de personas dentro de los campamentos, pero casi todos temían hablar. Mumin visitó los campamentos en repetidas ocasiones, se ganó la confianza de los residentes y, a veces, optó por ocultar su identidad para protegerse mientras recopilaba información.
Para David Dembélé, periodista de investigación maliense y presidente de CENOZO, el hecho de tener acceso no siempre significa que sea prudente utilizarlo. Mientras investigaba denuncias sobre matanzas masivas de civiles perpetradas por fuerzas malienses y el grupo de mercenarios ruso Wagner, evitó deliberadamente visitar algunas de las aldeas donde supuestamente ocurrieron los asesinatos. En su lugar, permaneció en Mopti y trabajó a través de contactos que podían proporcionar pruebas procedentes de las comunidades afectadas. “El terrorismo, la inseguridad y los problemas de seguridad no deberían impedir que los periodistas hagan su trabajo”, señala. “Pero tenemos que pensar en nuestra seguridad”.
Sigue las evidencias, no la afirmación más dramática
Las narrativas contradictorias, la propaganda y las acusaciones cargadas de emociones son comunes en los conflictos. Cuanto más peligroso es el entorno, mayor es la tentación de basarse en lo que dice la gente, ya que la verificación independiente resulta difícil.

El reportero Kunle Adebajo reporteando desde Nguru, en el noreste de Nigeria. Imagen: Cortesía de Adebajo.
Kunle Adebajo, exeditor de investigaciones de HumAngle, realizó reportajes en el noroeste de Nigeria y cruzó a Níger para informar sobre los refugiados nigerianos. Su trabajo se basó principalmente en entrevistas y observación. En ocasiones, se topó con afirmaciones sensacionalistas imposibles de verificar: “Por ejemplo, cuando la gente afirma que millones de cabezas de ganado fueron robadas a las comunidades”.
Banjo siguió un enfoque similar en Zamfara. Cuando los sobrevivientes describían los ataques, ella cotejaba las fechas y los detalles con noticias anteriores y comparaba los testimonios. Si no lograba corroborar una afirmación de forma independiente, la descartaba.
Adebajo dice que los periodistas deben estar abiertos a las experiencias de las víctimas y darles prioridad, especialmente en zonas de conflicto donde puede haber poca o ninguna rendición de cuentas o controles por parte de la sociedad civil. Pero agrega que aun así deben apegarse a un alto nivel de precisión, por lo que es importante publicar solo afirmaciones que puedan respaldarse con otras pruebas. “Los periodistas deben ser lo más objetivos posible”, afirma. “Sigan los hechos…”
Prepárate para cambiar cómo reporteas la historia
Mientras reporteaba sobre la desnutrición en Katsina, Ibrahim quiso trasladarse a otras áreas locales del gobierno tras haber tenido dificultades para obtener acceso a los centros de estabilización.
Por motivos de seguridad, su colaborador local le insistió en que no lo hiciera, al considerar que el traslado la expondría a un peligro innecesario. Así, regresó a Abuya y optó por realizar entrevistas por teléfono, para brindar anonimato a sus fuentes.
Dembélé se enfrentó a una situación similar en Menaka, donde la barrera lingüística y la inaccesibilidad de ciertas zonas limitaron su reporteo.
La lección no es que los periodistas deban renunciar a las historias difíciles. Lo que enseña es que comprometerse con una historia no implica aferrarse al plan original, sino ser flexible en la logística de la cobertura.
Protege a las fuentes de las consecuencias de tu reporteo

Abdalle Mumin reporteando desde las afueras de Mogadiscio, cerca de Afgooye, Somalia. Imagen: Cortesía de Mumin
Mumin enfatiza que la protección de las fuentes no debe ser una cuestión secundaria para los periodistas, especialmente en regiones devastadas por la guerra o en zonas de conflicto. Las personas que viven bajo la influencia de grupos armados pueden poseer información valiosa, pero tienen poca o nula capacidad para protegerse si se revela su identidad.
“Proteger a las fuentes es mi máxima prioridad”, explica Mumin. “Utilizo métodos de comunicación seguros siempre que es posible, evito recopilar información personal innecesaria y mantengo el anonimato de las fuentes al publicar historias que podrían exponerlas a represalias”.
Mumin afirma que incluso ha abandonado investigaciones cuando los riesgos para las fuentes o sus colegas se volvían demasiado altos. “La experiencia me enseñó que la valentía en el periodismo no solo consiste en asumir riesgos, sino también en tomar decisiones éticas difíciles”, dice.
Recuerda que ambas partes podrían estar observando
Ermias Mulugeta, un periodista de investigación etíope, tuvo dificultades para obtener permiso para viajar a la región de Tigray, azotada por el conflicto, y se enfrentó a restricciones sobre lo que los periodistas podían informar. También le preocupaban las consecuencias de publicar denuncias de abusos cometidos por las fuerzas gubernamentales.
En zonas de conflicto, señala, los periodistas podrían sufrir ataques por parte del gobierno, de grupos armados e incluso de la población civil. Mulugeta aconseja a los periodistas que ingresan a áreas controladas por grupos armados que revisen su propio historial público con antelación. “Primero, haz un autodiagnóstico. Asegúrate de no haber dicho nada negativo sobre ese grupo radical”, aconseja.
Dembélé señala que la preparación también implica capacitación en seguridad física y digital. Él terminó exiliándose tras recibir amenazas vinculadas con sus reportajes.
En un país étnicamente dividido como Etiopía, añade, los periodistas pueden enfrentarse incluso a la hostilidad de otros periodistas: “Es como tener un enemigo interno, lo cual es un camino muy peligroso”. Mulugeta también recomienda que los periodistas mantengan informados a sus editores a lo largo de una investigación para protegerse contra intentos de desacreditar su trabajo.
Además, ofrece una advertencia práctica sobre las entrevistas con grupos armados. Los periodistas no deben dar por sentado que podrán recurrir a los métodos periodísticos más básicos, como tomar instantáneas con el celular o incluso tomar notas.
“Los grupos armados no son personas normales. Matan gente”, advierte. “Cuando vayas allí, trata de memorizar todo lo que veas, porque es posible que no te permitan tomar fotos ni grabar voces”.
Saber cuándo (y cuándo no) tomar riesgos
Mumin recuerda haber corrido riesgos cuando era más joven que hoy en día no tomaría. Durante un reportaje en 2013 que documentaba el comercio ilegal de carbón vegetal en el sur de Somalia, una milicia armada detuvo su vehículo y le apuntó con armas. Escapó cuando su conductor aceleró para alejarse.
“Hoy en día, abordo las investigaciones con mucha más cautela que hace una década, sin dejar de estar comprometido a reportear historias que importen a pesar de los riesgos”, explica.
Banjo también dice que ahora abordaría su investigación en Zamfara de manera diferente. Realizaría una investigación documental más exhaustiva antes de viajar y prestaría mayor atención a la planificación de la seguridad y a la información local. Para Adebajo, la evaluación de riesgos se extendería más allá de la amenaza de ataques armados e incluiría una planificación más extensa sobre el alojamiento, el transporte, la alimentación, las diferencias culturales y la comunicación con la redacción.
Una investigación exitosa no es sólo aquella en la que un reportero llega al pueblo más peligroso y obtiene toda la información necesaria. Es aquella en la que el periodista encuentra una manera de descubrir lo que sucedió, pone a prueba la evidencia, protege a las personas que ayudaron a revelarlo todo y permanece lo suficientemente seguro como para seguir informando.
Nota del editor: Esta historia es la segunda entrega de una serie en curso en la que GIJN analiza las mejores prácticas regionales de periodistas de investigación de todo el mundo sobre cómo protegen las fuentes y mantienen la seguridad física mientras navegan en entornos periodísticos de alto riesgo. Puedes leer la primera entrega desde las regiones del sur de Asia, Oriente Medio y el Norte de África.
John Chukwu es un periodista independiente radicado en Lagos, Nigeria. Escribe sobre política, salud, justicia social, conflictos y tecnología en África subsahariana. Su trabajo ha sido publicado por Foreign Policy, Nieman Reports e IJNet, entre otros.