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10 consejos prácticos para verificar afirmaciones científicas

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Un artículo publicado en una revista científica puede parecer una pista prometedora para una noticia o el inicio de una investigación. Sin embargo, que un artículo haya pasado por una revisión por pares no significa que sea necesario repetir cada experimento ni verificar cada dato para evaluar su solidez. La investigación puede contener fallas metodológicas o errores involuntarios; a veces, los datos han sido manipulados o fabricados.

En 2025, el periodista Frederik Joelving y los informáticos Cyril Labbé y Guillaume Cabanac publicaron los resultados de una investigación de seis meses sobre las llamadas fábricas de artículos científicos. Estas fábricas de papel son empresas que producen y venden artículos científicos fraudulentos, a menudo utilizando datos fabricados o manipulados.

Entre los casos que examinaron había uno en el que un artículo fue cuestionado inicialmente por los investigadores del cáncer Soren Zielske y Danny Welch. Ambos científicos habían intentado basarse en los hallazgos del artículo, pero no pudieron reproducir los resultados. Al examinarlo más detenidamente, descubrieron datos idénticos en gráficos que se suponía que representaban experimentos distintos. En 2020, Zielske expuso sus inquietudes en PubPeer y se puso en contacto con el editor de la revista. Posteriormente, el artículo fue retractado debido a la presencia de “materiales y/o datos falsificados”.

Los periodistas no pueden repetir todos los experimentos, pero sí hay mucho que pueden verificar. Las siguientes 10 buenas prácticas muestran cómo examinar una afirmación científica antes de convertirla en noticia o iniciar una investigación.

  1. Crea tu propio sistema de alertas

PubMed y Google Scholar pueden ayudarte a encontrar nuevos estudios. También puedes configurar alertas en Google Scholar sobre temas, palabras clave e investigadores, así como suscribirte a alertas por correo electrónico de revistas como Science y PNASEurekAlert ofrece a los periodistas que cumplen los requisitos acceso a investigaciones bajo embargo, mientras que SciLine pone en contacto a periodistas con científicos independientes.

Sandeep Ravindran, presidente de la Asociación Nacional de Escritores de Ciencia (NASW, por sus siglas en inglés) y periodista científico freelance, declaró a GIJN que los periodistas deberían desarrollar un área de cobertura especializada: “Las revistas de gran prestigio como ScienceNaturePNASCell, o Neuron suelen ser cubiertas por periodistas de planta y no son los mejores lugares para que los periodistas freelance encuentren ideas originales para sus reportajes, pero hay muchas otras opciones, como las revistas de PLOS y de la Royal Society”.

  1. Empieza por el interés periodístico, no por el comunicado de prensa

Que un comunicado de prensa llegue a tu bandeja de entrada no es, en sí mismo, motivo suficiente para escribir una historia al respecto.

Los comunicados de prensa pueden ayudarte a comprender un artículo complejo o a encontrar los datos de contacto de los investigadores. Pero no sustituyen la lectura del estudio en sí. También pueden presentar los hallazgos como más impactantes o concluyentes de lo que realmente son.

Un estudio de 2024 analizó 84 comunicados de prensa sobre plásticos en los océanos y 495 reportajes periodísticos relacionados. Más de la mitad de estos reportajes reprodujeron el fraseo de los comunicados y la mayoría omitió información sobre la financiación y las limitaciones de los estudios.

Lee el comunicado de prensa junto con el artículo original y pregúntate lo siguiente:

  • ¿Sugiere el comunicado una relación de causalidad cuando el estudio solo halló una asociación?
  • ¿Omite limitaciones señaladas en el artículo?
  • ¿Destaca un resultado secundario positivo después de que el resultado principal no mostrara el efecto esperado?

Alexandra Thompson, editora de noticias de New Scientist, declaró a GIJN: “No presto mucha atención a los comunicados de prensa [sobre estudios científicos], a menos que sean necesarios para ayudar a comprender un artículo complejo. Deberían hacerte exclamar ‘¡Vaya!’, darte la sensación de que suponen un avance respecto a lo que ya sabíamos o ser ‘noticias útiles’”.

  1. No consideres la revisión por pares una garantía de que el estudio sea correcto

La revisión por pares es una forma importante de control de calidad, pero no prueba que un artículo sea correcto. Los revisores pueden pasar por alto errores en el análisis, imágenes manipuladas, conflictos de interés no revelados o problemas que solo se detectan después de la publicación. Incluso los artículos publicados en revistas de prestigio pueden ser posteriormente corregidos, cuestionados o retirados.

Ivan Oransky es médico y periodista científico, cofundador de Retraction Watch, un sitio que da seguimiento a las retractaciones, correcciones y cuestiones relacionadas con la integridad de la investigación, y además es periodista residente distinguido en el Instituto de Periodismo Arthur L. Carter de la Universidad de Nueva York. Declaró a la GIJN: “A muchas editoriales, científicos y universidades les gustaría que los periodistas creyeran que el hecho de haber pasado por una revisión por pares implica que el trabajo es correcto. Pero, cuando son sinceros, los científicos saben que eso no es cierto”.

Imagen: Captura de pantalla, Retraction Watch

Imagen: Captura de pantalla, Retraction Watch

Además, un estudio publicado como prepublicación (preprint) requiere especial cautela, ya que aún no ha sido sometido a revisión por pares.

John Travis, editor de la revista Science, explicó a GIJN qué aspectos deben verificar los periodistas. “Se puede informar sobre las prepublicaciones, pero deberías hacer tu propia revisión por pares recabando múltiples opiniones”, señaló. “Las prepublicaciones ofrecen más información que una ponencia en un congreso, porque puedes enviar el artículo completo a alguien para que lo revise. Deberías abordar las prepublicaciones con cierto escepticismo, pero sin descartar informar sobre ellas: muchos hallazgos importantes se dan a conocer primero de esta manera”.

  1. Lee el estudio o artículo con la perspectiva de un periodista de investigación

Nunca escribas una noticia basándote únicamente en el resumen (abstract). Identifica la tesis principal del artículo y luego profundiza en los métodos, los resultados y las limitaciones. Verifica el tamaño y la selección de la muestra, el grupo de control, la duración del estudio, los resultados medidos, los niveles de efecto, los intervalos de confianza, el abandono de participantes y los efectos adversos.

En el caso de los ensayos clínicos, compara el resultado principal del artículo con el registro del ensayo. Busca resultados que hayan sido modificados u omitidos, o hallazgos secundarios positivos que se hayan destacado tras el fracaso del resultado principal.

Por último, lee las declaraciones sobre financiación y conflictos de intereses, así como las tablas, figuras y archivos complementarios. Presenta la principal limitación del estudio junto con su hallazgo principal, y no al final de tu reportaje.

  1. Pide a expertos independientes que evalúen el estudio

Antes de informar sobre los hallazgos de un estudio, pide a un experto independiente que los evalúe. Busca a alguien que no haya participado en la investigación, preferiblemente de otra institución, y que esté familiarizado con el tema o con los métodos.

Haz preguntas específicas:

  • ¿Responden los métodos a la pregunta de investigación?
  • ¿Respaldan los hallazgos las conclusiones de los autores?
  • ¿Cuál es la limitación más importante del estudio?
  • ¿Qué afirmación deberían evitar hacer los periodistas?

Para encontrar expertos adecuados, consulta las referencias del artículo, los estudios similares y los investigadores que hayan citado trabajos anteriores de los autores.

Deborah Blum, autora y periodista científica galardonada con el premio Pulitzer, declaró a GIJN: “Una vez que he hecho el trabajo previo, entrevisto a los autores del estudio y luego a otros investigadores que conocen el campo. Busco tanto a colegas como a críticos”.

“Si un experto identifica un problema grave, plantéaselo a los autores del estudio y dales la oportunidad de responder”, añadió. “Sigue investigando hasta determinar qué evidencia respalda mejor cada posición”.

  1. Adapta tu lenguaje a la solidez de las pruebas

Tu reportaje no debe presentar como certeza lo que las pruebas solo permiten afirmar con cautela. Si el diseño del estudio obliga a interpretar los resultados con cautela, utiliza términos como “sugiere” en lugar de “demuestra”, “se asocia con” en vez de “causa” y “puede reducir el riesgo” en lugar de “previene”.

Distingue entre tres aspectos:

  • Lo que muestran los datos.
  • Cómo interpretan los autores los hallazgos.
  • Lo que podría determinarse en el futuro.

Comprueba las cifras con el mismo cuidado que el lenguaje. Distingue entre riesgo relativo y absoluto, así como entre un cambio porcentual y un cambio en puntos porcentuales.

El uso de términos que presentan los hallazgos de forma positiva se ha vuelto mucho más frecuente, incluso en la redacción científica. Un análisis de BMJ sobre resúmenes de PubMed reveló que el uso de palabras positivas aumentó del 2 % en el periodo 1974-1980 al 17,5 % en 2014, un incremento relativo del 880 %. Si describes un hallazgo como “pionero”, “sin precedentes” o un “avance trascendental”, explica las razones que justifican esa calificación.

Sé claro respecto a la incertidumbre. Indica a los lectores si el estudio contó con una muestra reducida o un periodo de seguimiento breve, si aún no se ha replicado o si solo incluyó a un grupo específico. Estos detalles muestran a los lectores lo que la investigación puede decirnos y lo que no.

  1. Investiga la financiación y los conflictos de intereses

La financiación por parte de la industria no hace que un estudio sea automáticamente poco fiable. La cuestión clave no es solo quién financió la investigación sino cuánta influencia tuvo el patrocinador sobre ella.

Lee las declaraciones sobre financiación, conflictos de intereses, las de los autores y aquellas sobre el papel desempeñado por el financiador, además de los agradecimientos. Pregúntate:

  • ¿Ayudó el patrocinador a diseñar el estudio?
  • ¿Recopiló o analizó los datos?
  • ¿Participó en la redacción del artículo?
  • ¿Podía impedir o retrasar la publicación?
  • ¿Tienen los autores vínculos económicos con el producto o la empresa objeto del estudio?

Una revisión sistemática de Cochrane reveló que los estudios sobre fármacos y dispositivos médicos financiados por la industria tenían más probabilidades que los financiados por otras fuentes de presentar resultados y conclusiones favorables al producto del patrocinador.

También verifica posibles conflictos de interés de tus expertos independientes. Es posible que tengan vínculos financieros, profesionales o académicos con los autores, las instituciones o las empresas involucradas. Pregúntales directamente y confirma, siempre que sea posible, la información que proporcionen sobre sus posibles conflictos de interés.

Informa claramente sobre los conflictos de interés relevantes, pero no los presentes como prueba de conducta indebida. Explica a los lectores quién financió la investigación, qué papel desempeñó el patrocinador y cómo esas relaciones pudieron haber influido en el diseño, el análisis o la interpretación del estudio.

  1. Verifica el estado actual del artículo

Un artículo puede enfrentar problemas incluso después de su publicación. Antes de enviar tu noticia, busca el título y el identificador de objeto digital (DOI, por sus siglas en inglés) del artículo para comprobar si ha sido corregido, cuestionado o retractado. Consulta:

No te fíes únicamente de una versión antigua del PDF. Es posible que las actualizaciones solo aparezcan en la página de la editorial. Si existen varias versiones, utiliza la versión oficial más reciente.

Oransky, de Retraction Watch, aconseja a los periodistas: “Lee el aviso específico que acompaña a la retractación o a la corrección. Habrá un aviso que explique lo que ocurrió, o debería haberlo”.

Examina con cuidado estos avisos, ya que no todos significan lo mismo. Una corrección puede subsanar un error sin alterar el hallazgo principal. Una “expresión de preocupación” indica que persisten dudas serias sin resolver. Una retractación significa que los hallazgos del artículo ya no deben considerarse fiables.

  1. Compara el hallazgo con investigaciones anteriores

Rara vez un único estudio contradice años de evidencia acumulada. Contextualiza el nuevo hallazgo consultando revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios similares. Recuerda que una revisión es tan fiable como los estudios que incluye.

Pregúntate:

  • ¿Cuántos estudios han presentado hallazgos similares?
  • ¿Existen pruebas contradictorias?
  • ¿Han replicado el resultado equipos de investigación independientes?
  • Si el nuevo hallazgo difiere de investigaciones anteriores, ¿podrían las diferencias en los métodos, la muestra o la población explicar el motivo?

Entre los recursos útiles se incluyen:

“Puedes ver quién los cita y situar sus hallazgos en el contexto más amplio del campo”, señaló Blum.

  1. Haz una revisión final antes de publicar

El consejo de Oransky para los periodistas es sencillo: “Puedes desconfiar, pero verifica”.

Pregúntate:

  • ¿El titular refleja con precisión la población del estudio y el hallazgo principal?
  • ¿He comprobado el estado actual del artículo?
  • ¿He contrastado las cifras, las citas y las afirmaciones clave con las fuentes primarias?
  • ¿He explicado claramente las limitaciones e incertidumbres más importantes del estudio?

Por último, plantéate lo siguiente: si este estudio fuera seriamente cuestionado o corregido el año que viene, ¿seguiría siendo veraz mi reportaje?


Esra Öz es periodista freelance para publicaciones destacadas como Science Magazine, New Scientist, ScienceAlert, CNN Türk y The Independent Turkish. Se graduó en el Departamento de Biología de la Universidad Eskişehir Osmangazi y en el Departamento de Programación de Radio y Televisión de la Universidad Anadolu. Asimismo, cursó una maestría en Periodismo con especialización en comunicación científica en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Ankara.

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