El auge de las plataformas digitales de informantes – y cómo funcionan

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Imagen: Pixabay.

Los informantes han sido cruciales para algunas de las historias periodísticas más importantes de la última década. Las contribuciones de la informante Chelsea Manning de Wikileaks; del ex contratista de la Agencia Nacional de Seguridad, Edward Snowden; o del personaje aún anónimo, “John Doe”, que filtró la investigación de los Panama Papers, muestran cómo el reportaje investigativo, impulsado por filtraciones, marca una diferencia cuando se trata de revelar grandes casos de abusos de poder, violaciones a los derechos civiles o evasión de impuestos.  

Los informantes no son un invento de los últimos diez años. Los periodistas de investigación han dependido históricamente de información clave suministrada por informantes, sobre todo en el contexto occidental.

No obstante, las tecnologías digitales han transformado la práctica del informante, con el auge de nuevas tácticas y estrategias que usan herramientas de comunicación basadas en la encriptación. Los periodistas de investigación, en particular, están reconociendo que la tecnología de encriptación puede ser una de sus mejores aliadas, cuando se trata de cooperar con informantes, y de cumplir con sus deberes con respecto a proteger a la fuente en la era digital.

Lo que llamo “plataformas digitales de informantes”, me refiero a uno de los fenómenos más interesantes que ha surgido en el punto de encuentro entre periodismo y hackeo, en tiempos recientes. Estas soluciones de software les permiten a las organizaciones periodísticas, o a los periodistas individuales, otorgar a potenciales fuentes unos canales de comunicación en línea más seguros y anónimos.

Al tener como núcleo de su infraestructura unos estándares más altos de encriptación, que incluyen la Red Tor, las plataformas digitales de informantes permiten la comunicación confidencial, así como compartir archivos y documentos de forma segura. En principio, las salas de prensa y los periodistas que adoptan esta práctica pueden ofrecer una suerte de casillero en línea, donde los informantes depositan de forma anónima filtraciones o pistas para historias, mientras resultan protegidos por estándares de seguridad más altos que los que ofrecen las herramientas comerciales y cotidianas de comunicación digital.

La historia de las plataformas digitales de informantes, en su forma actual, comienza con WikiLeaks, que fue pionera en esta aproximación, con sus propios sistemas encriptados de envíos, que le daban a la organización acceso a algunas de las filtraciones más importantes de la última década. Manning le proporcionó a WikiLeaks archivos que revelaron detalles secretos sobre las actividades de los Estados Unidos en los conflictos de Irak y Afganistán, y una enorme cantidad de correspondencia diplomática.

Hoy, el ecosistema de plataformas digitales de informantes es diverso y está poblado por distintas organizaciones, con objetivos y estrategias editoriales diferentes. Estas van de grupos de periodistas independientes, a importantes marcas periodísticas del mundo.

He realizado un estudio académico en torno a la presencia internacional de estas plataformas, y los resultados han sido publicados en un libro en inglés que tuvo revisión de pares: “Digital Whistleblowing Platforms in Journalism. Encrypting Leaks.” 

Para mi investigación, examiné 21 plataformas digitales de informantes en 15 países, con el fin de entender cómo se han difundido las distintas aproximaciones a los informantes. También observé cómo operan las plataformas y cómo conceptualizan su trabajo en el contexto de las fronteras entre periodismo, hackeo y activismo, que a menudo son difusas.

Desde una perspectiva tecnológica, hay dos soluciones de software de fuente abierta que se han vuelto estándar para las plataformas de informantes: SecureDrop, desarrollada por Freedom of the Press Foundation, con sede en San Francisco, y GlobaLeaks, de la organización italiana Hermes Center for Transparency and Digital Human Rights, que se dedica a promover la libertad de prensa y dar entrenamiento en seguridad de la información. Aunque hay diferencias técnicas, y ofrecen soluciones distintas, estos grupos siguen un concepto similar. Ambas organizaciones también ofrecen tutorías y asistencia técnica para montar plataformas; y lo que es aún más crucial, operan como operadores tecnológicos que se encargan de aspectos técnicos, y de garantizar las pruebas y actualizaciones para la funcionalidad y seguridad del software. Así, estas organizaciones llenan vacíos de habilidades técnicas para muchos medios periodísticos.

Las organizaciones que utilizan estos dos portales tienden a operar según aproximaciones editoriales distintas. Mi investigación propone una taxonomía de plataformas de informantes, que puede dividirse en al menos cuatro grupos. Estos se distinguen de acuerdo a cómo las plataformas administran los pasos a seguir cuando hay una filtración de informantes, así como la publicación del contenido. La taxonomía incluye:

  1. “Plataformas de publicación” que utilizan las filtraciones que reciben para producir su propio contenido, o lograr que los documentos estén disponibles en internet;
  2. “Plataformas colaborativas”, que tienden a publicar el contenido con base en las filtraciones que reciben, y lo hacen al mismo tiempo que algunos medios aliados que han sido previamente seleccionados;
  3. “Plataformas con varios interesados”, que operan como facilitadoras de filtraciones, ofreciéndoles a los informantes, durante el proceso, la oportunidad de seleccionar las organizaciones periodísticas que recibirían su material; y
  4. “Plataformas de medios”, que son similares a las “plataformas de publicación”, pero son operadas por organizaciones periodísticas ya establecidas, periódicos o grandes conglomerados mediáticos. Estas plataformas son distintas a las “plataformas de publicación”, porque estas tienden a ser administradas por organizaciones pequeñas, colectivos o grupos de activistas.

En el periodismo de hoy, las plataformas de informantes son más numerosas y hacen parte de colectivos de periodismo investigativo independiente, como Investigative Reporting Project Italy o African Network of Centers for Investigative Reporting, organizaciones de defensa de la libertad de expresión, como Free Press Unlimited, y grandes organizaciones periodísticas, que pueden ir de las principales cadenas públicas en Europa, hasta The New York Times. Los medios como Guardian, del Reino Unido, están ofreciendo soluciones tecnológicas para pedir filtraciones y apoyar a informantes.  

Aunque la tecnología y las plataformas digitales de informantes pueden ser de una gran ayuda para los periodistas que quieren trabajar con informantes, no hay ninguna solución técnica que pueda ofrecer un 100% de seguridad. La tecnología tras estas plataformas ciertamente es capaz de otorgar los más altos estándares de seguridad disponibles hoy, pero la tecnología en sí misma no soluciona todo, y los modelos de amenaza pueden cambiar según el contexto.

Un grupo de periodistas de investigación analizaron e identificaron los elementos más importantes en el periodismo contemporáneo basado en informantes. Los Principios de Perugia enumeran el papel de la tecnología en la protección de las fuentes, en nuestra era digital y de vigilancia. No obstante, la seguridad para los periodistas y los informantes sólo es posible cuando los estándares periodísticos, sus salvaguardas legales y la tecnología segura, en su conjunto, crean un ambiente que protege a todos los involucrados.

Cuando deciden hablar sobre malos comportamientos, los informantes toman riesgos enormes, que incluyen retaliaciones en el ámbito profesional, arrestos o situaciones aún peores. Es el deber de los periodistas proteger a estas fuentes tan bien como les sea posible, y las plataformas de informantes son fundamentales para facilitar este proceso. Ahora que las filtraciones son cada vez más importantes en la creación de historias, las organizaciones periodísticas deben estar listas para lidiar con los informantes, sus ventajas, sus zonas grises y sus peligros.

 Lecturas adicionales


Philip Di Salvo es un conferencista e investigador pos-doctoral en el Instituto de Medios y Periodismo de Università della Svizzera Italiana. Escribe para Wired, Motherboard/Vice, Esquire, y ha escrito dos libros sobre filtraciones e informantes.

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