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Photo: Mari B. Robles López / Center for Investigative Journalism (CPI)

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Selección 2019: ocho historias recomendadas en español

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Desde que empecé a trabajar como editora en español para GIJN, el pasado mes de marzo, he estado pensando en lo difícil que es lograr un gran reportaje de investigación.

Todos los días recibo alertas con «la última», «la exclusiva», la «mejor» investigación periodística de España y de toda América Latina, además de algunos de los medios estadounidenses o europeos que traducen o también escriben historias en español. Hago clic en la mayoría y hojeo. Pero no tengo tiempo para leerlas todas, así que me concentro en las que considero más relevantes o las que realmente me atraen como lectora.

En ese proceso, he notado que muchas historias tienen todos los datos y hechos precisos, pero fallan en su narración. Lamentablemente, también he descubierto que muchos artículos que se promocionan como «investigaciones» en realidad no lo son: no exponen irregularidades o abusos, ni están descubriendo nada nuevo.

A la única conclusión a la que he llegado es que hacer este tipo de historias es extremadamente difícil -por muchas razones- y que es casi un milagro cuando salen muy bien.

Por este motivo, en lugar de recomendar «las mejores» historias del año, opté por un enfoque diferente en mi selección de historias del 2019.

He elegido los reportajes que considero han estado en sintonía con lo que ocurre política, económica, social y culturalmente en América Latina y España. También son historias de las cuales aprendí lecciones claves en periodismo de investigación; artículos o series que me han hecho reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo o tal vez qué deberíamos estar haciendo como reporteros-investigadores en este clima informativo, cada vez más complejo y adverso.

Impacto: no es arte de magia, es mucho trabajo

Foto: Mari B. Robles López / Centro de Periodismo de Investigación (CPI)

Probablemente vieron las fotos. Miles de personas salieron a las calles a protestar en contra del gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, después de que los periodistas revelaron la transcripción de una conversación donde él y sus colaboradores cercanos hacían comentarios sexistas y racistas sobre otras personas, entre ellos celebridades como Ricky Martin.

Pero eso fue solo el comienzo de la historia. El Centro de Periodismo de Investigación de Puerto Rico (CPI) ya venía investigando cómo funcionaba el esquema de corrupción dentro del gobierno. Cuando salió el chat, se dieron cuenta de que allí había más información relevante y de que tenían que acelerar su investigación. Hablaron con más de 20 fuentes con conocimiento directo de la corrupción en curso, revisaron documentos y bases de datos de contratos y registros corporativos, y lo publicaron antes de que se perdiera el momentum.

Una vez salió la historia, en vez de relajarse, continuaron trabajando. Permitieron que otros republicaran su investigación -tanto en español como en inglés-, compartieron sus hallazgos con los medios locales y extranjeros, en diferentes formatos. Fueron a la radio y a la televisión, y le hicieron difusión en las redes sociales. Esta actividad continua fue crucial para lograr algo que todos los periodistas de investigación esperan: impacto.

El equipo de CPI es pequeño y fue una tarea agotadora. Sabían que los puertorriqueños estaban molestos por muchas razones con el gobierno (ver su investigación previa sobre las muertes del huracán María), pero fue esta investigación particular la que finalmente conllevó a la renuncia de Roselló. Es un ejemplo claro del tipo de repercusiones que hay cuando el periodismo está en sintonía con las preocupaciones de la gente. Días después, el CPI empezó a recibir una cantidad sin precedentes de donaciones y mensajes de agradecimiento de puertorriqueños que reconocían su arduo trabajo.

La mejor revelación: cuando el señalado sí responde

Rossana Paz le contó su historia a Nómada. Foto: Sandra Sebastián

En América Latina no han parado las campañas de denuncia de #MeToo e historias importantes sobre casos específicos de abuso sexual. El tema ha dado para acaloradas discusiones entre periodistas y activistas. Es un reto para los reporteros, acostumbrados a investigar más sobre lo público que sobre lo privado, en donde es difícil encontrar «pruebas» de ese abuso, especialmente si no hay denuncias ante las autoridades, si las víctimas no quieren dar su testimonio “on the record”, si la violencia no es física sino emocional, o si el abuso sucedió hace años.

En muchos casos, el señalado termina haciendo una brevísima declaración, en la que niega todo. O ni siquiera contesta las preguntas. A veces, esto puede ser contraproducente para las víctimas y los lectores terminan confundidos y sin saber realmente cuál es la verdad.

Cuando leí la historia (también en inglés aquí) sobre el director de la Escuela Municipal de Música y la Orquesta Juvenil de Ciudad de Guatemala, Bruno Campo, me impresionó cómo la periodista Pía Flores, del medio independiente Nómada, hizo esta investigación.

Cuatro mujeres contactaron a Nómada sobre el abuso de Campo. Pero ese fue solo el punto de partida de la investigación. Flores continuó reporteando y encontró a otras víctimas: cuatro de siete estaban dispuestas a dar su testimonio, con nombre y apellido. La periodista buscó a otros testigos y terminó entrevistando a 22 fuentes. Utilizó documentos y correos electrónicos para respaldar los reclamos, y encontró quejas de padres y otros maestros de música que también cuestionaban los métodos de enseñanza de Campo, que consideraban abusivos y violentos con los niños.

Un elemento muy importante es que las autoridades municipales sabían sobre las quejas en contra del director. Pero Flores descubrió que no sólo no hicieron nada al respecto, sino que ayudaron a Campo con una beca para que pudiera continuar su carrera musical en Europa.

Esta historia logra algo más, que es crucial al elaborar perfiles sobre este tipo de personas: le permite a Campo responder a las acusaciones y, al hacerlo, revela mucho más sobre su personalidad.

Luego de que el reportaje se publicó, otras cuatro mujeres también dijeron que habían sido acosadas. El Ministerio Público de Guatemala se encuentra investigando el caso.

Investigar en caliente: el antídoto contra las mentiras

Imágenes de Noticias Uno utilizadas por Bellingcat.

Hay una creciente necesidad de investigar en caliente, particularmente cuando la violencia y las protestas estallan en las calles. Hemos visto manifestaciones y enfrentamientos en muchos países este año: Venezuela, Chile, Ecuador, Bolivia, España, y un paro general y más protestas están en pleno desarrollo en Colombia, mientras escribo este artículo. ¿Pero cómo lo estamos cubriendo?

Quisiera que los periodistas invirtieran tiempo y recursos para aprender a utilizar herramientas y técnicas de investigación visual forense. Así podrían contrarrestar las mentiras y noticias falsas sobre estos eventos, que son utilizadas por actores políticos para avanzar en sus propias agendas.

Un buen ejemplo de por qué este tipo de investigaciones son necesarias es lo que sucedió el 23 de febrero de 2019, cuando un convoy de camiones con alimentos y medicinas se incendió sobre el puente fronterizo que conecta a Colombia y Venezuela, mientras los manifestantes y las fuerzas de seguridad se enfrentaban.

El gobierno venezolano culpó inmediatamente a los manifestantes de la oposición por el desastre. La oposición y sus aliados, incluidos los principales funcionarios y políticos estadounidenses y colombianos, culparon a los guardias de seguridad del gobierno de Maduro. Esa tarde hubo una guerra informativa en las redes sociales. Mientras leía diferentes versiones me preguntaba: ¿quién incendió los camiones?

Bellingcat y el New York Times lo investigaron por separado, utilizando videos e imágenes de varios periodistas, agencias, redes sociales, cámaras de seguridad, manteniendo una estricta cronología de los eventos y luego analizando cómo se había desarrollado todo. Llegaron a la conclusión de que probablemente fue un accidente y no un malvado plan conspirativo, orquestado por un lado u otro, para quemar alimentos y medicinas.

Recomiendo leer ambas investigaciones, aquí la de Bellingcat -en español e inglés– y aquí la del New York Times -en español e inglés– para ver cómo cada medio presenta los hechos y cuáles fueron las conclusiones a las que llegaron. Bellingcat también revisó lo sucedido en otras áreas cercanas al puente donde hubo problemas ese día. Y han estado haciendo este tipo de investigaciones sobre otras noticias de última hora este año, incluido el carro bomba en Bogotá, Colombia y las milicias armadas que han atacado a los manifestantes en Nicaragua.

Lo que nunca debe olvidarse: reportería de calle

Calle Villalobo, San Miguel del Padrón, Cuba. Foto: Ismario Rodríguez / Periodismo De Barrio

Mónica Baró, periodista independiente cubana, pasó casi dos años averiguando cómo fue que una comunidad entera se envenenó por el plomo y qué consecuencias hubo para su salud muchos años después.

En cualquier otro país, esta podría haber sido una investigación basada en datos. Pero el periodismo de datos en Cuba es casi inexistente. No existe una cultura de transparencia, ni las solicitudes de acceso a información para obtener listados llenos de estadísticas. La mayoría de los periodistas cubanos no tienen conexiones a Internet en casa o en la oficina, y solo los muy valientes intentan descargar bases de datos abiertas desde la banca en un parque local. Tratar de obtener información oficial de las instituciones o que los responsables de ciertas áreas respondan a correos electrónicos o atiendan llamadas es muy complicado. De hecho, si no eres reconocido oficialmente como periodista (y aquellos que son independientes como Baró no lo son) nadie responderá tus preguntas. Ni siquiera off the record.

Entonces, ¿cómo fue que Baró hizo esta historia? De la manera tradicional: caminando por las calles de la comunidad, tocando puertas, pasando tiempo en los hogares de estas personas, escuchando sus quejas y dolencias, revisando los pocos documentos que ellos guardaban: sus recetas y exámenes médicos.

También habló con expertos de la comunidad académica científica y médica (hay que recordar que la salud en Cuba es la joya de la corona del gobierno y cuestionar o criticar cualquier tema médico es problemático, por no decir otra cosa) y revisó los informes de otros países para comprender qué le hace el plomo a nuestros cuerpos.

Tardó casi un año y medio en documentar los casos, tres meses para escribirlo y más de seis para que su editora y sus colegas en Periodismo de Barrio hicieran la verificación. El resultado es un reportaje muy bien escrito. Para mi gusto, es demasiado largo (podría haber cortado algunas partes), pero si tienen 86 minutos de sobra, léanlo. La historia ganó el Premio Gabo al mejor texto este año.

Contar distinto: sitio espejo, vídeo animado, reguetón 

El sitio espejo creado para el proyecto Mujeres en la vitrina. Captura de pantalla.

Mujeres en la vitrina es una historia sobre mujeres venezolanas que son víctimas de trata en México, un fenómeno en aumento, a medida que la crisis económica, social y política en Venezuela continúa empeorando. La historia se centra en uno de los aspectos más negativos de la migración, un fenómeno que la mayoría de los países de América Latina, pero también España, no saben cómo enfrentar.

Todo comenzó con la noticia de que el cuerpo de Kenny Finol, una escort de Maracaibo, había sido encontrado con múltiples heridas (ácido en su bello rostro) en las calles de la Ciudad de México. Su presunto asesino era un hombre involucrado en el crimen organizado del peligroso sector de Tepito.

No era un caso aislado: escorts venezolanas han sido asesinadas o desaparecidas en México desde hace algún tiempo. Los reporteros de ambos países se unieron para documentar e intentar comprender cómo funcionaba la red de tráfico sexual y cómo estaban en riesgo las mujeres. Entrevistaron a algunas de ellas que lograron escaparse, hablaron con ONG y otros expertos y escribieron historias sobre aquellas que habían sido asesinadas o desaparecidas.

Pero, ¿cómo iban a presentar esta información a los lectores? A menudo parece que el periodismo está perdiendo la competencia por la atención de las audiencias, más interesadas en ver series de Netflix que en historias difíciles. Más importante aún, ¿cómo podrían asegurarse de que otras mujeres, potencialmente en riesgo, leyeran sobre este tema? ¿Cómo podrían alertarlas?

Los periodistas crearon un sitio espejo de Zona Divas, el sitio original donde estas mujeres anunciaban sus servicios, y que las autoridades mexicanas habían cerrado. Utilizando la misma estética que el original, el sitio espejo presenta historias de víctimas, así como informes sobre los perpetradores. También pueden ver un mini documental, gráficos y mapas, e incluso un video animado, al ritmo de una canción original de reguetón, que cuenta la trágica historia de Kenny Finol. Este proyecto ganó el Premio Gabo a la innovación.

Conexiones: investigación colaborativa transnacional

Transnacionales de la Fe. Captura de pantalla. Crédito:CLIP

Este año he leído varias historias en América Latina que presentan una vista panorámica sobre un tema. Son grandes proyectos de colaboración que se centran en la salud, el medio ambiente, el sistema bancario, el aborto, etc. Estas historias son importantes, ya que aportan una perspectiva comparativa necesaria acerca de lo que está sucediendo en la región. Pero la mayoría no logra algo que es crucial para una investigación transnacional: encontrar las conexiones que cuentan una historia intrincada.

Transnacionales de la Fe sí lo hizo. Averiguó qué había detrás de una importante tendencia política en la región: los partidos y líderes vinculados a grupos evangélicos han ido creciendo, convirtiéndose en poderosas máquinas electorales en muchos países. Pero: ¿están trabajando juntos? ¿o son fenómenos aislados en cada país?

Esta investigación encontró algunas de esas conexiones y demostró cómo un grupo de líderes evangélicos fundamentalistas en los Estados Unidos (apoyados por la Casa Blanca) han hecho tratos con figuras políticas muy cuestionadas en el continente por corrupción, como los presidentes Daniel Ortega en Nicaragua, Jimmy Morales en Guatemala y Juan Orlando Hernández en Honduras. Los representantes de uno de estos grupos religiosos influyentes, Capitol Ministries, también han estado participando en importantes reuniones políticas locales y apoyando las campañas de ciertos candidatos, como Jair Bolsonaro, antes de que se convirtiera en presidente de Brasil.

Esta investigación fue un gran esfuerzo de colaboración, dirigido por Columbia Journalism Investigations, el Centro Latinoamericano de Periodismo de Investigación y 15 medios en toda la región, la mayoría de ellos pequeños e independientes. Pueden leer el artículo introductorio aquí, con los principales hallazgos destacados de la región.

Los humanos (y el enfoque a largo plazo) detrás de las investigaciones ambientales

Mar Menor. Imagen satélite Sentinel-2 13/09/2019. Crédito: COPERNICUS / Datadista

Para el público general, leer acerca de la muerte de los arrecifes coralinos, los bosques que se convierten en desiertos, o una especie de la que jamás escucharon antes pero ahora se está extinguiendo, simplemente no resulta interesante. La gente prefiere historias sobre otra gente. Greta Thunberg, por ejemplo. Los artículos sobre la joven activista de 16 años, que intenta salvar el planeta, han logrado poner el cambio climático y los problemas ambientales en la agenda global informativa con gran éxito.

Pero, ¿dónde están las historias sobre las personas que causan el mayor daño ambiental?

Una investigación realizada por Datadista en asociación con Eldiario.es cuenta cómo el Mar Menor, la laguna costera de agua salada en la Península Ibérica, fue arruinada por la gente: sus decisiones, actividades y la falta de supervisión o controles necesarios. Es una historia difícil y compleja porque hay que retroceder varias décadas para comprender que el daño es la suma de factores interrelacionados que han contribuido lentamente a la contaminación de la laguna.

Los periodistas entrevistaron a una amplia variedad de fuentes y tuvieron acceso a documentos y datos clave que demostraron la falta de regulación e inspección a las prácticas de agricultores en el área. Algunos de ellos se convirtieron en grandes agro exportadores a Europa y el Reino Unido. A ellos se les permitió explotar abusivamente los recursos hídricos y cavar pozos y canales ilegales para terminar vaciando sus residuos contaminantes en la laguna. En el proceso, también arruinaron la calidad de las aguas limpias subterráneas.

Es una lectura difícil porque está llena de detalles técnicos. Pero usan videos adicionales con entrevistas cortas con fuentes, gráficos claros y sofisticados para explicar lo que sucedió en las diferentes capas de tierra adyacentes a la laguna, así como fotografías aéreas y mapas, además de algunas imágenes subacuáticas comparativas para mostrar la transformación gradual -y para mal- de este ecosistema.

Lo que viene: el uso (o abuso) de tecnología, datos y vigilancia por parte de empresas privadas

Imagen: Ciper

Al leer historias sobre cómo algunas empresas privadas que trabajan para campañas políticas en muchos países (Brexit, Trump, Duterte, etc.) terminaron utilizando los datos de las usuarios de Facebook, me preguntaba por qué en América Latina o España no estábamos informando sobre los negocios que mezclan la tecnología y la información, con el poder y la política. Este año y en 2018 hubo elecciones en muchos países, entonces, ¿cómo es que nadie (excepto los brasileños, que escribieron algunas historias sobre la campaña de Bolsonaro) estaba investigando esto?

El Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile me alegró el día cuando publicó una investigación sobre una compañía específica, Instagis, que trabaja con Big Data, perfilando la información de los usuarios que recopilan de Facebook y de otras redes sociales, además de bases de datos públicas como el censo del país. La investigación reveló que Instagis también está detrás de una aplicación de seguridad llamada Sosafe (son dueños de 60% de la startup) que miles de chilenos usan para informar cualquier problema o preocupación relativa a la seguridad en sus comunidades.

Tanto Instagis como Sosafe tienen contratos por un valor de $2.83 millones con todo tipo de entidades, tanto privadas como públicas en Chile, desde Walmart hasta el consejo electoral, y también una de las instituciones más cuestionables del país hoy en día: los Carabineros. El cuerpo de policía negó tener un contrato con Sosafe, pero CIPER publicó una copia de lo que parece ser un documento interno del departamento de comunicaciones de la compañía, que habla sobre las ventajas del acuerdo entre ellos.

«Sabemos el qué sobre quién, en todas partes», es una de las frases de Instagis, que aparece en la historia. Instagis no solo trabaja con instituciones clave sino también con varios políticos. Trabajaron en la campaña del presidente Sebastián Piñera y también para otros candidatos de la coalición de partidos de centro-derecha y derecha, Chile Vamos. Algunos de ellos son miembros del congreso, mientras que otros son alcaldes locales de diferentes municipios. Según CIPER, quienes contrataron a la empresa para ejecutar sus campañas firmaron contratos para usar su software en el municipio o en los lugares donde ahora gobiernan.

Tras la publicación del artículo, Instagis y Sosafe negaron haber compartido datos de usuarios para fines políticos.

Catalina Lobo-Guerrero es periodista freelance y editora en español de GIJN. Ha escrito sobre política, conflicto armado, derechos humanos y corrupción en América Latina, especialmente en Colombia y Venezuela, donde fue corresponsal internacional durante tres años.

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