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El mapa interactivo de Le Monde sobre la calidad de las aguas subterráneas en Francia muestra el uso total y la presencia de diversas sustancias químicas, clasificadas según su uso. Imagen: Captura de pantalla, Le Monde.
El mapa interactivo de Le Monde sobre la calidad de las aguas subterráneas en Francia muestra el uso total y la presencia de diversas sustancias químicas, clasificadas según su uso. Imagen: Captura de pantalla, Le Monde.

El mapa interactivo de Le Monde sobre la calidad de las aguas subterráneas en Francia muestra el uso total y la presencia de diversas sustancias químicas, clasificadas según su uso. Imagen: Captura de pantalla, Le Monde.

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Cómo un equipo de Le Monde descubrió 300 contaminantes en las aguas subterráneas de Francia

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Atrazina desetil. Clorotalonil-R471811. Percloratos. Estos nombres quizá no les resulten familiares; cuando iniciamos nuestra investigación, apenas los conocíamos. Sin embargo, se encuentran entre los 300 contaminantes presentes en casi todas las aguas subterráneas monitoreadas de Francia, fuente de agua potable para dos tercios de la población.

En más del 28 % de las estaciones de muestreo de agua de la red francesa de monitoreo de aguas subterráneas, su presencia superó los límites legales de calidad al menos una vez en los últimos ocho años.

La escasez de agua también es un problema apremiante. Francia sufre sequías cada vez más frecuentes, y la competencia entre ciudades, agricultores e industrias por los cada vez más escasos suministros de agua está exacerbando las tensiones.

Esta investigación comenzó como parte de «Bajo la Superficie», un proyecto transfronterizo que examina el deterioro de las aguas subterráneas europeas, iniciado por Datadista y Arena for Journalism in Europe, con el apoyo de JournalismFund Europe. Mientras investigaban sobre la crisis de las aguas subterráneas en España, los periodistas Antonio Delgado y Ana Tudela encontraron la manera de acceder a los últimos informes de los Estados miembros europeos sobre el estado de sus masas de agua, que deben enviar al Parlamento y a la Comisión de la Unión Europea (UE) cada seis años.

Arena for Journalism in Europe sugirió ampliar la iniciativa a otros países y me contactó para trabajar en la situación francesa. Colaboré con mis colegas Léa Sanchez, quien trabajó ​​conmigo en el análisis de datos y la elaboración de informes, y Elsa Delmas, con quien hice equipo en la cartografía y el desarrollo web. También recibimos mucha ayuda del departamento de diseño web, especialmente de los diseñadores Léa Girardot y Thomas Steffen.

Análisis de los datos

Los datos europeos iniciales revelaron un panorama preocupante: las masas de agua subterránea de Francia se encontraban en mal estado, especialmente en términos de calidad. Queríamos saber por qué. ¿Qué contaminantes eran los responsables? ¿Quién los producía? ¿Era posible informar a nuestros lectores sobre los niveles de contaminación en sus aguas subterráneas?

Gracias a los informes europeos, sabíamos que Francia había podido recopilar una gran cantidad de datos. Ades, el portal nacional francés de datos de aguas subterráneas, nos permitió acceder a los resultados de cada medición en cada estación. Sin embargo, los «datos abiertos» tenían sus limitaciones. En aquel momento, la Interfaz de Programación de Aplicaciones (API, por sus siglas en inglés) no podía gestionar solicitudes muy ambiciosas. El botón de exportación de la interfaz, difícil de encontrar, no nos permitía descargar datos de todo el país a la vez, así que extrajimos los datos región por región, exportando millones de registros y almacenándolos en nuestro propio servidor.

Pero esto era solo el comienzo del desafío. Los nombres químicos eran crípticos y la cantidad de mediciones, abrumadora. Recurrimos a periodismo revisado por expertos, en estrecha colaboración con científicos, para dar sentido a esta información.

La hidrogeóloga Florence Habets, directora de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS, por sus siglas en francés), tuvo la amabilidad de asesorarnos desde el principio.

«Deberían fijarse en la atrazina», nos dijo. «Este herbicida lleva años prohibido, pero sigue apareciendo en los muestreos». Tenía razón: esta sustancia, y especialmente sus metabolitos (subproductos de la sustancia activa), superaron el microgramo por litro en aproximadamente 1700 estaciones de monitoreo (el 7 % de los puntos donde se realizaron pruebas).

Mapas de la investigación que muestran las zonas de producción de remolacha en Francia (arriba) y los hallazgos del herbicida cloridazona (abajo), aprobado por la UE para el control de malas hierbas en los cultivos. Imágenes: Cortesía de Raphaëlle Aubert, Le Monde.

Mapas de la investigación que muestran las zonas de producción de remolacha en Francia (arriba) y los hallazgos del herbicida cloridazona (abajo), aprobado por la UE para el control de malas hierbas en los cultivos. Imágenes: Cortesía de Raphaëlle Aubert, Le Monde.

Reducción de la lista

Para decidir qué contaminantes rastrear, seguimos las directrices de evaluación de aguas subterráneas del Servicio Geológico Francés (BRGM, por sus siglas en francés). Laurence Gourcy, hidrogeóloga del BRGM, nos guió a través de los datos y las interpretaciones metodológicas. Eliminamos 25 sustancias de esta lista, como elementos naturales como el hierro y el manganeso, o sustancias relacionadas con el tratamiento del agua, lo que dejó 226 contaminantes.

Para determinar si las mediciones eran preocupantes o no, las normas oficiales fueron la mejor fuente de información. Recopilamos todos los estándares de calidad ambiental que pudimos encontrar en la UE y en Francia, especialmente las actas administrativas de 2008 y 2023. De esta manera, pudimos determinar si una concentración que pudiera parecer insignificante, como 0,1 microgramos de una sustancia por cada litro de agua, se consideraba legalmente demasiado alta. La respuesta es sí, para muchos contaminantes, como los pesticidas.

Sin embargo, muchos de los contaminantes que encontramos en los datos no estaban en absoluto regulados en las aguas subterráneas. Añadimos a nuestra lista 74 de estos compuestos, que están bajo vigilancia especial por parte de las autoridades. Entre ellos se incluyen el bisfenol A (utilizado para producir plásticos y resinas epoxi), algunos PFAS o «químicos eternos» (a los que presté atención, ya que había investigado anteriormente esta grave crisis de contaminación) y los productos farmacéuticos. Aunque no existen umbrales oficiales, encontrar rastros de medicamentos como antiepilépticos, analgésicos o píldoras anticonceptivas en nuestras aguas subterráneas reveló lo vulnerables que son.

Nuestra lista general incluía 300 contaminantes. Para hacerlos más comprensibles, los científicos nos ayudaron una vez más: Florence Habets nos aconsejó agruparlos por uso. Creamos seis categorías:

  • Plaguicidas y sus metabolitos, procedentes de la agricultura
  • Nitratos, nitritos y otros fertilizantes nitrogenados
  • Productos químicos industriales utilizados o producidos en la industria manufacturera
  • Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), procedentes de la combustión incompleta de la madera u otros materiales orgánicos
  • Metales, metaloides y otros minerales
  • Productos farmacéuticos

Para filtrar y analizar los datos, escribimos un script en Python con Pandas, una biblioteca de código abierto diseñada para el análisis de datos. Procesar gigabytes nos llevó horas; a menudo ejecutábamos el script por la noche. Pero los hallazgos fueron contundentes:

  • El 28% de una red de más de 24.700 estaciones de monitoreo presentó al menos un exceso de los límites.
  • Algunas estaciones superaron los umbrales para 10, 20 o incluso más de 30 sustancias.
  • Se detectaron pesticidas y sus metabolitos en el 99 % de los puntos de monitoreo.

Los puntos vacíos en el mapa no necesariamente significaban agua limpia: el principal motivo para analizar las aguas subterráneas es la capacidad de bombearlas para hacerlas potables; algunos pozos habían sido abandonados porque ya estaban demasiado contaminados, por lo que ya no se analizaban.

En cuanto a cuestiones cuantitativas del agua, recurrimos a la experiencia del Centro Internacional de Evaluación de los Recursos Acuáticos Subterráneos (IGRAC, por sus siglas en inglés). Sus hidrogeólogos y científicos de datos ya habían desarrollado un método para calcular las tendencias en los niveles de las aguas subterráneas. Gracias a su apoyo, pudimos centrar nuestros esfuerzos en los datos de contaminación.

Muchos otros científicos, con competencias que abarcan desde la salud pública hasta la biogeoquímica y los sistemas de información geográfica, aceptaron ayudarnos o revisar nuestro trabajo. Establecer una relación de confianza con ellos fue clave para el éxito de nuestra investigación.

Haciendo visible lo invisible

Las cifras por sí solas parecían demasiado abstractas. Para darles vida, buscamos testimonios de las comunidades afectadas. En Chartres, al suroeste de París, las autoridades locales lidian con la contaminación y las necesidades agrícolas que afectan el suministro municipal. Muchos municipios, que sufren contaminación frecuente, están invirtiendo en tratamientos, lo que aumenta el precio del agua potable para sus ciudadanos.

También queríamos que los lectores visualizaran la magnitud del problema. Nuestros mapas se convirtieron en el eje central de la investigación, y recomiendo fuertemente a cualquier periodista dispuesto a replicar nuestra metodología que muestre sus resultados en un mapa interactivo. Superpusimos nuestros hallazgos con otros conjuntos de datos espaciales, como la producción de remolacha (calculada a partir del registro parcelario gráfico francés), asociada a un herbicida específico llamado cloridazona.

Una herramienta que merece ser destacada es Protomaps, una solución de código abierto basada en OpenStreetMap, que permite a periodistas y desarrolladores ofrecer mapas personalizados en mosaico. Entre 2022 y 2023, la implementé en nuestra sala de redacción como una alternativa de código abierto a los costosos mapas base privados. Utilizada con MapLibre y DeckGL, Protomaps nos ha permitido crear una amplia variedad de elementos visuales, desde cartografías interactivas independientes hasta mapas con animaciones de desplazamiento. Gracias a esta herramienta y a sus habilidades de desarrollo, Elsa Delmas transformó nuestros conjuntos de datos y prototipos de mapas en un impactante artículo mezclando narrativa con visualizaciones conforme se avanza. También incluimos botones para «explorar el mapa» que permiten los lectores más curiosos hacer un pausa en su lectura y ampliar cualquier punto de datos.

Tras publicar nuestro artículo, publicamos nuestros conjuntos de datos como datos abiertos. Nuestra metodología también está disponible públicamente. Si puedes acceder a los datos o analizar muestras de agua subterránea en tu región, puedes replicar esta investigación.


Raphaëlle Aubert es una periodista galardonada de Le Monde. Cubre las noticias a través de datos, liderando investigaciones colaborativas con científicos y colegas periodistas para rastrear las presiones humanas sobre el medio ambiente. Desarrolló el mapa de contaminación por PFAS en Europa del Proyecto Forever Pollution, publicado en 2023, y dirigió la evaluación del asombroso costo de la descontaminación por PFAS dos años después. En 2025, su artículo “300 Contaminantes en nuestras Aguas Subterráneas”, publicado en Le Monde junto con Léa Sanchez y Elsa Delmas como parte de la investigación transfronteriza “Bajo la Superficie”, recibió el Premio Sigma al mejor proyecto basado en datos. Puedes contactarla en aubert@lemonde.fr.

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