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Incendio en Caracas. Foto: Alex Lanz (2010)

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Cómo reporteros analizaron 20 años de datos sobre incendios en áreas protegidas de Venezuela

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Incendio en Caracas. Foto: Alex Lanz (2010).

En marzo de 2020, mientras el mundo comenzaba la cuarentena por COVID-19, Caracas se llenó de humo. La periodista especializada en medio ambiente, Helena Carpio, se asomó por su ventana y quedó impactada al darse cuenta que la calima le impedía ver el Ávila, la emblemática montaña que bordea la capital venezolana.

Tampoco se veían llamas. Algo estaba quemándose, pero no sabían dónde ni tampoco había información oficial al respecto. Twitter era el único lugar para informarse y sólo se conseguían mensajes de cientos de personas quejándose de las consecuencias del humo: dolor de pecho, dificultad para respirar, picor y ardor en los ojos, entre otras.

“Era muy desesperante asomarme por la ventana y no ver llamas por ningún lado. Se sabía que algo grande se estaba quemando, pero no teníamos idea de qué era. Buscando en Google, me encontré con el mapa del Global Forest Watch y empecé a buscar qué datos alimentaban ese mapa. Así surgió Naturaleza en Llamas”, le contó Carpio a LatAm Journalism Review (LJR).

Naturaleza en llamas: 20 años de incendios en Áreas Protegidas de Venezuela” es una investigación de la revista digital venezolana Prodavinci y liderada por Carpio. Este trabajo analizó dos décadas de datos satelitales de focos de calor para entender cuándo, dónde y el porqué de los incendios forestales en todos los parques nacionales, monumentos naturales y demás áreas protegidas de Venezuela que corresponden a espacios naturales resguardados por su biodiversidad.

Clasificación de países de la región amazónica por densidad de incendios. («Naturaleza en Llamas» por Prodavinci).

Entre los hallazgos principales de esta investigación destacan que, en 2020, Venezuela fue el país de la región Amazónica con mayor densidad de incendios (casi el doble que Brasil). Además, en los últimos 20 años los focos de calor aumentaron en 63 de las 80 áreas protegidas del país sudamericano, siendo el 2020 su peor año de incendios en registro.

Sin registros oficiales 

En Venezuela no existe una ley de acceso a la información y transparencia. Organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación han denunciado por años la opacidad existente y la falta de información oficial. No se publican datos actualizados sobre economía, salud y mucho menos ambiente.

Tampoco hay un sistema público de monitoreo de incendios en Venezuela. Según Carpio, debería haber un registro de cuándo ocurre un incendio en el país, pero no se está realizando. La periodista explica que anteriormente cada Área Protegida tenía un responsable de vigilar incendios. Sin embargo, a medida que el país se fue quedando sin recursos dejaron de proporcionar helicópteros para el monitoreo, de invertir en sistema de prevención y los encargados de muchas áreas abandonaron sus puestos debido a los salarios precarios, explicó Carpio.

Uso de datos satelitales

Por lo tanto, usar datos satelitales fue la única forma que consiguió el equipo de Prodavinci para entender qué ocurría.

El equipo solicitó todos los datos disponibles detectados por el sensor VIIRS y por el sensor MODIS para Venezuela del programa de “Información de fuegos para el Sistema de Manejo de Recursos” (FIRMS) de la NASA. Cada solicitud debe abarcar, máximo, un periodo de un año, y se realiza a través del sistema de descarga de archivos de FIRMS.

Consiguieron los datos de MODIS desde enero de 2001 hasta diciembre de 2020 y de VIIRS desde enero de 2012 hasta diciembre de 2020 en formato CSV porque así podían realizar ambos análisis: el estadístico y el geográfico. Cada dato tenía atributos como latitud y longitud (coordenadas geográficas del foco de calor), índice de reflectancia, fecha, hora, satélite, instrumento, nivel de confianza, día o noche, tipo, entre otros. Dejando solo las entradas relevantes para el análisis, armaron dos bases de datos que sumaban 3.709.592 focos de calor:

  • MODIS (2001-2020): tenía 975.897 focos de calor

  • VIIRS (2012-2020): tenía 2.733.695 focos de calor

Una base de datos adicional de focos de calor se solicitó al Instituto de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE). El INPE utiliza AQUA como satélite de referencia, que lleva el sensor MODIS a bordo y valida los focos de calor con algoritmos especializados. Pidieron todos los datos disponibles para los países de América del Sur. El servicio de datos abiertos de BDQueimadas permitió descargar datos de 13 países por 19 años (entre 2002 y 2020) en formato CSV.

  • INPE (2002-2020) América del Sur: contiene 247 datos de países (focos totales por país por año) que suman 7.363.740 focos de calor.

También usaron otras cinco bases de datos para llevar a cabo el análisis:

La primera, una base de datos geoespacial con las Áreas Protegidas (APs) de Venezuela, elaborada por el Laboratorio de Áreas Protegidas del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Simón Bolívar (Venezuela).

La segunda fue una base de datos geoespacial con todas las unidades de vegetación de Venezuela. «Esta base de datos vectorial de polígonos fue elaborada por María A. (Tina) Oliveira-Miranda como parte de su tesis doctoral en ciencias biológicas, «Riesgo de colapso de los ecosistemas terrestres de Venezuela y su relación con el riesgo de extinción de mamíferos y aves'».

Para separar las Áreas Protegidas por regiones, usaron la tercera: una base de datos geoespacial con las regiones fisiográficas de Venezuela, que, al abrirla en un sistema de información geográfica, contiene las regiones, unidades y provincias fisiográficas del país. Esta base de datos tiene todas las unidades de vegetación de Venezuela. Fue hecha como parte de una tesis doctoral en ciencias biológicas, basada en un estudio de Alfonso Freile, que permitió separar las Áreas Protegidas por regiones.

Para ubicar cada Área Protegida (AP) dentro de la distribución político-administrativa de Venezuela, usaron una cuarta base de datos geoespacial elaborada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que contiene los estados, municipios y parroquias de Venezuela. Esta base de datos es abierta y está disponible en Human Data Exchange de la OCHA.

Por último, para calcular la densidad de focos de calor para cada país de la región Amazónica, usaron una quinta base de datos: las áreas terrestres publicadas por el Banco Mundial, descargada en formato CSV. Son datos abiertos disponibles en la página web del Banco Mundial.

Equipo Prodavinci. Foto: Cortesía.

«Para analizar la data utilizamos QGIS 3.8, un sistema de información geográfica de código abierto, excel, Google Sheets, Google Earth Pro y Google Earth Engine. Para publicar el trabajo y crear una experiencia de usuario interactiva e interesante, usamos Mapbox Interactive Storytelling Template, una plantilla escrita en Javascript, HTML y CSS. Programamos la información usando Atom, un editor de texto de código abierto», explicó Carpio a GIJN.

Este no es el primer proyecto basado en datos que realiza Prodavinci.

“Como periodistas estamos bastante acostumbrados a la opacidad en Venezuela. No hay datos. Así que siempre estamos buscando formas nuevas de cómo cuantificar los temas aunque sea complejo”, comentó Carpio.

En 2018, este medio digital publicó la investigación “Vivir sin agua” donde lograron determinar cuántas horas de agua a la semana recibían los venezolanos en sus hogares, a partir de planes de racionamiento que habían sido publicados por el gobierno en formatos no reutilizables. Transcribieron los documentos, los cruzaron con información poblacional y elaboraron una metodología para estandarizar los parámetros de los planes. Este trabajo ganó el Premio Monseñor Pellín 2019 y el primer lugar del IX Concurso Nacional de Periodismo de Investigación del IPYS 2019.

En 2019, Prodavinci publicó “Las horas oscuras” donde siguieron el mismo esquema del trabajo anterior, pero esta vez haciendo uso de un software de reconocimiento óptico de caracteres (OCR). Lograron calcular que 18,42 millones de venezolanos vivían en parroquias sometidas a planes de racionamiento eléctrico. Esta investigación fue finalista del premio de acceso a la información pública de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Incendio en el Cerro El Ávila de Caracas, Venezuela en 2010. (Foto: Cristóbal Alvarado Minic/CC BY 2.0)

«Entendiendo que la pandemia presentaba una combinación de retos particulares, aunados a la crisis económica del país y a la falta de recursos para hacer periodismo de investigación en Venezuela, era importante plantear un proyecto que pudiera llevarse a cabo en estas condiciones. Por eso partimos de bases de datos globales de sensores remotos —que no se ven afectadas por la pandemia,— bases de datos geoespaciales de expertos y software gratis y de código abierto», agregó Carpio.

Sinergía entre periodistas y académicos

“Naturaleza en llamas” contó con dos apoyos fundamentales: la academia venezolana, que proporcionó apoyo de expertos e información, y el Amazon Rainforest Journalism Fund, una iniciativa del Centro Pulitzer de Periodismo que dio soporte económico.

Carpio señaló que en el proyecto trasladaron la metodología que usualmente se utiliza en la academia al periodismo.

“Los temas ambientales son temas tan complejos, tan multifactoriales, con tantos detalles que siento que la única manera responsable de abordarlo es colaborando con la academia”, explicó Carpio durante la videollamada. “Este es un trabajo que quizás no se pudo haber hecho sin los expertos y los expertos quizás no lo hubiesen podido hacer sin los periodistas. Fue un trabajo en equipo, de ambos bandos y que no tiene precedentes en Venezuela”.

La sinergia con la academia venezolana fue tan significativa que incluso se publicará un artículo científico a raíz de la investigación. Además, los expertos académicos permitieron a los periodistas ver toda la potencialidad de los datos y también sus limitaciones.

«Hay software abierto con gran potencial para el periodismo de investigación, que nos permite explorar bases de datos como nunca antes. En Prodavinci aprendimos a utilizar sistemas de información geográfica hace apenas 2 años y, gracias a nuestra relación cercana con expertos en distintas áreas, estamos descubriendo un rango inmenso de aplicaciones periodísticas, muchas que nunca se han planteado. Es un área estratégica para la investigación ambiental, especialmente para países sin acceso a datos públicos».

La base de datos satelital utilizada permite saber dónde están ocurriendo los incendios y cuándo, pero no la extensión del área afectada ni tampoco las razones del surgimiento de las llamas.

“En el trabajo fuimos cuidadosos de no definir causalidad total porque no podemos determinar el porqué de los incendios a través de imágenes satelitales. Eso solo se determina yendo al campo, estudiando el terreno, entendiendo la ecografía, estudiando las corrientes de viento, etc. Es algo más especializado. Hasta allí no llega nuestro rol como periodistas”, subrayó Carpio.

A partir de allí, el equipo decidió enfocar la investigación en las tendencias, patrones y detonadores de incendios potenciales, así como usos comunes del fuego por región.

Parte de esta sinergia con académicos es también consecuencia de la opacidad gubernamental. Los periodistas venezolanos saben que pedir datos o información a las instituciones puede ser un proceso largo y engorroso, así que prefieren recurrir a expertos o a la industria privada que usualmente tienen tiempos de respuesta más rápidos, comenta Carpio.

Proyectos para la sociedad 

El medio digital Prodavinci surgió, en 2008, como un blog personal del economista venezolano Ángel Alayón. Tiempo después evolucionó a lo que el mismo equipo define como “un espacio para las ideas, las conversaciones y los debates”. Actualmente reciben en promedio más de un millón y medio de visitas mensuales.

Prodavinci planea seguir haciendo proyectos usando sensores remotos e información satelital para abordar temas ambientales y de interés social. Por ahora, como parte de una segunda publicación del proyecto de Naturaleza en Llamas, crearon “¿Dónde hay fuego en Venezuela?” una herramienta que muestra focos de fuego activos que han sido detectados y procesados por la NASA en casi tiempo real.

Los focos se actualizan automáticamente cada 24 horas con datos públicos disponibles en la página del Sistema de Información de Incendios para la Gestión de Recursos (FIRMS) de la NASA.

El mapa también muestra todos los parques nacionales, monumentos naturales y demás áreas protegidas del país. Según el medio, es una herramienta diseñada para que la sociedad civil, bomberos, guardaparques, ambientalistas, estudiantes, periodistas y científicos puedan detectar y monitorear incendios dentro de las áreas naturales más importantes de Venezuela.

Este artículo fue escrito por Katherine Pennacchio y publicado originalmente en el Latam Journalism Review del Knight Center. Aquí lo reproducimos con información adicional con su autorización. 

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Katherine Pennacchio - Salud con lupaKatherine Pennacchio es una periodista venezolana viviendo en España. Co-fundó Vendata.org, un proyecto innovador de publicación de datos abiertos en Venezuela. Fue parte del equipo de investigación de Armando.info y de Runrun.es. Tiene una maestría en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de la Unidad Editorial y la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente trabaja como independiente y es parte de la Asociación de Periodistas de Investigación de España.

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